Te saludo, mi invitado.

Bienvenido al lugar. Pasa sin llamar. No hay grandes descubrimientos, en lo sencillo está casi siempre la sabiduría, aunque no es éste el caso.


Siéntate donde puedas y mira pasar la vida desde una ventana del sur. Todo parece diferente cuando se lee a media voz, ante una copa de vino. Aunque puedes gritar si quieres, la libertad es un don preciado y un signo de salud.

Permítete brindar por ella: ¡ por tu salud!

viernes, 16 de diciembre de 2011

El Portal de Belén de mamá. Versión subtitulada.


Cada año dice que es el último que lo monta. Es tanto el trabajo y tanta la imaginación necesaria, que me hace pensar que, de haber tenido la oportunidad de estudiar, mi madre habría sido una arquitecto de prestigio. Me río yo de los edificios de cristalito tan de moda últimamente, ante la magnitud y creatividad del Portal de mi madre.

Vale, no soy imparcial ni ecuánime, seguro que hay por ahí belenes detallistas, minuciosos y miniaturistas que son dignos de premios y menciones, pero éste Portal tiene tantas historias en su haber, que supera en vivencias a todos los perfectos pueblitos que se montan en Navidad.

Este Portal ha visto crecer a mis hijas, ha sufrido daños irreparables de sus manitas y de la manitas de mis sobrinos, ha ido creciendo como ellos con figuras dispares que todos hemos pintado, agregado o simplemente colocado allí porque sí, porque nos gustaba el color o podíamos imaginar tranquilamente que ése personaje, cosa o animal, podría haber estado allí en aquel momento.

Tiene unos preciosos lagartos saharauis que nuestra Fatu, una niña que pasó con nosotros varios veranos proveniente del proyecto "Vacaciones en Paz",  nos regaló como un presente de incalculable valor para su pueblo.
Pueden medir como unos 25cm de largo y poseen un colorido tropical lleno de azules y amarillos, que suavizan sus rasgos de animal carnívoro y depredador. Es posible que no peguen mucho en un Belén tradicional, pero nadie puede negarme que hay más posibilidades de que ellos estuvieran en Israel en el año 33 aC, a que hubiera nieve o una castañera amenizando el nacimiento ese día.


Tiene figuras de todo material: barro, porcelana, marmolina, arcilla y hasta plástico, que son las que menos veces hay que pegar. Hay verdaderas mini-esculturas, hechas por profesionales, aunque también hay experimentos participantes de trabajos del colegio, de cuando aún en los colegios era Navidad y no "solsticio de invierno", cuando aún en el alumbrado del primer kilómetro de cada pueblo se leía "Feliz Navidad" en vez de "Felices fiestas" cosa que, aunque suponga un ahorro ya que estos pueden utilizarse en feria, carnavales y hasta en corridas de toros, por aquello de la fiesta nacional, suena como muy-demasiado laico.
Tiene en definitiva un sinfín de figurillas de diferentes modos, maneras y tamaños que acicalan diferentes ambientes de distinta altura y forman escenas sencillas, posibles o imposibles, que mi madre no tiene ningún impedimento en explicar.



Mientras monta el Belén, va inventando y recreando la historia de lo que allí ese día pudo ocurrir, seguramente ocurriría, y cambia los personajes dependiendo de la disposición anímica que experimente en el transcurso del montaje. Con lo cual, no sólo ningún año es igual, sino que puede ser diferente durante todos y cada uno de los siete o diez días que necesita para formarlo.




Es más, el portal de mi madre puede cambiar a lo largo de todas las fiestas navideñas añadiendo personajes, casitas, ramas, trigo, naranjas, madroños, tiras de espumillón y hasta lagartijas o tiburones de pástico, si unode sus nietos decide que éso debería estar en el Belén.                                                                             
Es tan imaginativo que puedes pasarte horas mirando y no sólo no te cansas sino que descubres mil y un detalles con que sorprenderte. Luego ya si preguntas, te puedes encontrar con las historias bíblicas más argumentadas del globo y serás testigo de tu propia conversión vía "no te quepa duda".

Definitivamente no existe Portal como el de mi madre, aunque esté feo que yo lo diga. En mi familia siempre hemos gozado de una buena dosis de imaginación por persona, unos más que otros dicho sea de paso, pero esa creatividad con la que cada año nos sorprende Doña Maxi, es propia e intrínseca y dudo mucho que niguno de los cinco la hayamos heredado por completo. Ni eso, ni la voluntad de ocupar, también por completo, el salón de nuestra casa con ese enorme Espíritu Navideño.

viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Estudias o protestas?

Me pregunto si no estaremos creando una generación de ofendidos. ¿Hemos pasado de tener una juventud de ninis (ni estudio, ni trabajo) a tener la juventud de la protesta? Me topo constantemente con jóvenes que tienen claro que las cosas se consiguen echándose a la calle a protestar. Y es loable, ya que los que nos representan no nos representan y a los que delegamos la acción protesta hace mucho que no aparecen ni cuando se les llama. Ahí no es donde reside el problema.


Tiene su lógica que al agotar la vías legales, que no tienen nada que ver con las morales, acudamos a lo que tengamos más a mano (llámese cacerola o pancarta). Es lógico además que cuando se comprueba que se ayuda antes a un banco que a una familia, la sociedad reviente por el lado más fragil, el de los que ya no tienen nada que perder.
Tiene su parte de razón todo el que piensa que da igual a quien votemos, porque haremos lo que diga Europa, o las grandes multinacionales, o los patrocinadores de la campaña del que gane.
La confianza hace mucho que se perdió y ya sólo nos queda esperar que los padrinos cambien de color a ver si ahora nos toca que nos coloquen al niño.


Todo es comprensible, todo es lo que esta clase política se ha buscado con su constante forma de decepcionar al que ha creído en ella. No tiene arreglo, no nos fiamos.

Pero lo peor no es eso, somos adultos y hemos pasado de ser la juventud que tenía que estudiar a como diera lugar, porque antes sólo estudiaban los hijos de los ricos y ellos eran los que manejaban España, a ser los jóvenes de la formación profesional, la de la mano de obra que es la que siempre tiene trabajo.

Ahora nuestros hijos descubren que ni nos sirven los estudios para garantizarnos el empleo, ni los oficios son la barita mágica que lleva el sueldo a casa aunque las cosas vayan mal. No les sirve nuestra experiencia, porque no nos sirve a nosotros y ellos lo saben.

¿Cómo se enfrenta el problema del estudio en jóvenes que constantemente reciben el mensaje de que el dinero fácil se gana descuartizando la vida privada en un reality, o aireando algún siniestro conocimiento que se tenga de un famoso?


¿Cómo se le explica al adolescente que debe creer en la justicia, en los representantes políticos, en la organización de la sociedad, si cada noticia que le llega es de prevalicación, blanqueo, malversación o aprovechamiento del cargo en su propio beneficio o el de sus allegados?

¿Qué queda para conseguir una sociedad justa? ¿Echarse a la calle a protestar?

Pertenezco a una juventud que quería hacer cosas, que soñaba con cambiar las cosas. Una juventud con ideales, con ganas de cambiar el mundo, con esperanzas. Nacimos cuando pisamos la luna, cuando se consiguió el voto negro, cuando se hizo revolución con claveles y hubo un Mayo universal. Creíamos que era posible todo y la mayoría aún lo creemos.


Hoy asistimos horrorizados al nacimiento de una juventud sin esperanzas, con pocos valores y sin sueños, aferrados al dios del dinero y desesperados porque no hay forma de alcazar ese ideal. Y no podemos dejar de preguntarnos hasta dónde somos responsables de esa herencia, qué podríamos haber hecho para verdaderamente cambiar las cosas.


jueves, 22 de septiembre de 2011

PROHIBIDO HABLAR DE "LA COSA".

No se trata del superhéroe de ficción. Cuando en Andalucía se habla de la cosa nos referimos a la situación en general, bien sea económica, de trabajo o simplemente de la propia vida.



En un bar de Sevilla, hartos quizás de la triste y pesimista conversación de sus clientes, alguien colgó un cartel que decía textualmente: Prohibido hablar de la cosa, curiosamente encima de aquel tan típico de: Se prohíbe el cante.

Y es que ya no sólo nos está cambiando el humor sino hasta las costumbres. Porque qué padre de familia, de los que antaño se detenían en la tasca de turno al volver del trabajo, puede tener ganas de echarse unos fandangos, cuando ni vuelve ni va a trabajo alguno.



Casi ni se ven en los bares a esos grupos de hombres con ropa de faena, con las camisetas salpicadas de pintura o las botas de puntera de hierro. Ahora se ven más en las puertas de los colegios, haciendo de amos de casa, mientras sus mujeres llenan los autobuses de primera hora de la mañana, para ir a limpiar a alguna casa, sin contrato y sin seguro.

Es la economía sumergida de un país que se sumerge y no levanta cabeza.

Hemos pasado de ser una cuasi potencia a asistir impotentes a clase de europeísmo sentados en las últimas bancas de la clase, junto a Grecia e Italia, los países del Mediterráneo con los que siempre tuvimos una afinidad especial.
Curiosamente, la Señorita Rottermeller y el profesor Gabacho mantienen controlada a la clase manteniendo el silencio y la obediencia, para sacar un simple aprobado por los pelos.



Afortunados seremos si logramos en los próximos años poder salir al recreo y dejar de ser el recreo de los que se jubilan y emigran de sus países de origen por miedo a la ejecución de la muerte digna por parte de sus herederos.

Aún no sabemos cuál será la gran hazaña que nos saque de la angustia y la inseguridad de no saber con qué pagar las letras de banco. ¿Qué sabemos hacer, qué producimos que los demás países necesiten?

Quizás la energía renovable sería una buena opción, pero para ello habría que demostrar que es más rentable que la atómica y más barata que el petróleo, y no sólo que es más sana, menos peligrosa y más ecológica.
No, no va a interesar, y menos cuando están tan a mano ahora los grandes yacimientos de las naciones necesitadas de justicia y democracia. No está por ahí nuestro futuro. Debe haber otra cosa que sepamos hacer y que el resto necesite.


Cualquier cosa fabricable ya lo hacen los chinos y nosotros se lo compramos, cualquier cosa agrícola producible lo puede producir más barato Marruecos.
 Sí, nos queda el turismo, siempre que otros países no estén en condiciones de ofertar mejor y más barato, pero no sólo del turista vive el hombre.



Hay que inventar y patentar algo urgentemente. Debemos estudiar a fondo las necesidades mundiales y ofertar la solución indiscutible. Aunque lo de estudiar en nuestro país cada vez está más difícil y lo de dar clases no digamos. Si nos cobran los estudios, nos reducen los profesores y les quitan las pocas ganas de estudiar a nuestros hijos, mala está la cosa, porque ahora no los podemos amenazar con colocarlos en los albañiles.




Bueno, acabé cayendo en lo prohibido: Al final yo también terminé hablando de "la cosa".

viernes, 2 de septiembre de 2011

Rarezas propias: Celebrando aniversario

Es casi anecdótico cumplir años de casados en los tiempos en los que vivimos. Cuando comento que me casé tres veces, una por dislexia juvenil y dos con el mismo hombre, hay quien me quiere comparar con mi homónima o tocaya Elizabeth Taylor, aunque lo cierto es que no tenemos nada que ver, excepto esos ojos expresivos de belleza inigualable.

A parte de la coña gratuita, la verdad es que cada vez se ven menos celebraciones de aniversario y son más las fiestas provocadas por divorcios o  heroicas decisiones de vivir juntos, con la sensación de haber traspasado la barrera del sonido y haber tocado la gloria con los dedos.
Me divierte tanto la cara de algunos amigos cuando se sorprenden de vernos programar una escapada por nuestro aniversario, reservar un hotel o comprar una botella de champán. Para algunos que no llevan ni la mitad de tiempo casados es una cursilada fuera de lugar, para otros es una tontería que no va a cambiar ninguno de los problemas que tenemos o que podemos llegar a tener.

Todos tienen razón. Es una cursilada maravillosa que tu pareja programe algo para hacerte feliz el día de vuestro aniversario, es una horterada reservar hotel para escaparse de todo y de todos y vivir por unas horas como solos en el mundo, una tontería que no lleva a ningún lado más que a la confirmación de que no te has equivocado y que la persona que Dios te regaló es la mejor que podía haber elegido para ti.

Oh claro que no va a resolver ninguno de los problemas que tenemos o que nos esperan. Al día siguiente el banco volverá a estar en rojo y no sabremos si el trabajo seguirá durando un mes más. Nada nos va a librar de estar en la cuerda floja como todos los españoles, ni de acordarnos de los cincuenta euros del hotel al fin de mes. La botella de champán equivaldrán a, por lo menos, cuatro litros de leche que ya echaremos de menos cuando volvamos al supermercado. Pero nadie puede negarme que merece la pena, que afianzar la alegría de habernos unido no tiene un valor incalculable.
Pueden pasar carros y carretas, pero todo los podremos en Cristo que nos fortalece y que bendice esto que tan raro parece a todos en la sociedad de hoy y que se conoce como matrimonio.

viernes, 26 de agosto de 2011

Agitado día de compras o Los delitos de un viernes.



No me gusta ir de compras, me agobian las multitudes. Generalmente suelo comprarlo todo de una vez para no tener que volver a visitar un supermercado en quince días. Tampoco me hace gracia comprar ropa. Me suelo estudiar los catálogos y voy a tiro hecho por la prenda que necesito, no digo la que me gusta porque generalmente no coinciden, ni en precio ni en posibilidades de pertenecerme. Soy parada de España, no se olvide.


Ropa ibicenca que no viene en mi catálogo

El caso es que hoy no tuve más remedio que acercarme a un centro comercial para comprar algunos regalos. Como es mi costumbre me decanto por regalos útiles, ropa, calzado o similar. No es lo que prefieren los niños pero es lo que más ilusiona a sus mamás que, al fin y al cabo, son las que mejor los conocen.
Estaba en un establecimiento pagando mi compra cuando observé a la dependienta muy alterada pasando las prendas por el escáner. A dos metros de mí, un par de jóvenes árabes estaban quejándose porque no le descambiaban el género (dos enormes bolsas de ropa que subían y bajaban del mostrador).  Le reclamaban a la chica que me cobraba y ella entre apunte y apunte les indicaba que se dirigieran a su responsable. Ellos insistían y el encargado daba vueltas y les pedía que abandonaran el local.
Me dio la cuenta y observé que había equivocado una talla. Le pagué a la chica y la señora que me seguía comenzó  a comentar que tenía que descambiar no sé qué y que ya no sabía cómo acertar con su hija. Luego me señaló con la cabeza a dos chicas de unos veintitantos qué firmaban con el seguridad algo en las cajas. “Yo creo que es algo, con un bolso de doble forro lleno por más de cincuenta euros. Lo querrán para salir esta noche, porque yo no me lo explico.”

Antes las cosas se hacían de otra manera
Me vuelvo hacia los otros y ya estaban con dos policías nacionales al lado. “Es que el establecimiento no se lo quiere descambiar, lo entiende o no lo entiende.” Los chicos se refugian en el idioma para medio contestar y protestan por el cambio. Se explican o se intentan justificar. Entre las voces entiendo que le dicen que la ropa que llevan la han intentado robar y que al pillarlos, la han pagado. Por eso no se lo quieren descambiar.


Robos, hurtos y urta a la roteña


Ellos piden pruebas  y le dicen que si no están conformes pongan una hoja de reclamaciones. Se siguen quejando, dicen que los que roban son los del establecimiento, se caldea el ambiente oigo frases como: “En España así, o pones la reclamación o sales de aquí”. “Ahora te callas, porque estoy hablando yo.” “Pones la reclamación o te vas, o te saco yo” y demás linduras, supongo que propias que no apropiadas, aunque ignoro el procedimiento.
Hago el cambio de talla y vuelvo a la caja. Los árabes le muestran la ropa una y otra vez a los policías dando explicaciones medio en español medio en francés (en español tutean a los policías, en francés los llaman de vous y de Monsieur).
 Las chicas de los cincuenta euros en ropa en el fondo del bolso, doblan sus denuncias y observan en silencio a los policías. Supongo que lo de ellas lo resolvieron con los de seguridad del establecimiento.


Mira para que no te miren.

La cajera se mueve nerviosa, me da el ticket y le doy las gracias. Intento tranquilizarla con un comentario: “ Vaya el día de hoy ¿No?” Ella revienta: “Sí y la mujer que estaba antes aquí y que hablaba tanto de estos, ha hecho exactamente lo mismo. La he cogido robando, lo ha pagado y ahora viene a descambiarlo.”
Entonces la que revienta soy yo: “Bueno, y ¿por qué no se le ha formado lo mismo que a estos y a ella sí se le ha descambiado el jersey? ¿Porque era sólo un jersey o porque era española?
La chica me mira entre sorprendida y resignada. Ya no va a hablar más (omito por ella el nombre del establecimiento). Recojo mi ticket y me voy echando una última mirada a los policías, que sé que me han escuchado.
No acabo de llegar al coche cuando veo a cuatro chicas de otro establecimiento de ropa detrás de un joven, con camiseta de futbol azul y blanca, que lleva tres o cuatro bolsas en la mano. Gritan llamando a seguridad y lo siguen sin atreverse a agarrarlo. Está casi a mi altura cuando un hombre lo para y lo agarra, es un cliente más que andaba por allí. Lo retiene y llega la seguridad del centro.
El de la camiseta de Messi  le dice al hombre que lo va a denunciar por agresión. Al llegar hasta ellos los de seguridad lo agarran y le dicen al captor que mejor que se vaya porque sí que lo puede denunciar y encima se va a llevar él la peor parte.


Preguntas que no tienen respuestas.


Me subo al coche y pongo la música y el aire acondicionado. No entiendo nada. Soy incapaz de posicionarme en ninguno de los cuatro delitos que he presenciado, aunque ahora dudo si serán más de cuatro. Lo único que me queda claro es que la ley tiene muchos agujeros, que hay más delincuencia y más inseguridad cada día en mi ciudad, que la necesidad ha perdido el miedo y la vergüenza y, sobretodo, que no todos somos iguales ante la ley.

jueves, 25 de agosto de 2011

Mi personal JMJ, un encuentro universal.



Escribió Julio M. de la Rosa, en el prólogo de mi libro La Primera Piedra, primero y único publicado hasta la fecha, que el escritor es un “letraherido” afanosamente inclinado sobre los folios, mientras las horas y la vida pasan por delante de su ventana.

Durante éste último mes de cuasi silencio literario, en muchas ocasiones, he tenido la sensación de haber saltado la ventana, de haberme sumergido directamente en las piscina de la vida, de haber nadado entre nubes de realidades fantásticas.

Como todas las cosas importantes, mi encuentro personal con la JMJ fue más casual que premeditado. Cuando ya me disponía a ser la espectadora de sofá de la visita del Papa, recibí la llamada (no la del Altísimo, pero casi) reclamando un rincón de mi casa para el peregrino: Hasta trescientos jóvenes mejicanos (nunca sabré si se escribe o nó con equis) que llegaban a tres pueblos de mi ciudad durante seis días, de camino al encuentro de Madrid.
Acogida de Jóvenes Mejicanos en Camas, Sevilla

Cómo imaginar que al recibir a un par de ellos en el sofá-cama del cuarto de juegos, iba a recibir tanto, que pudiera comprobar en mi propia casa lo que la gente conoce como una bendición.

No son chicos incultos ni niños acomodados económicamente hablando, todos tienen carrera y trabajan duramente en sus países de origen. Tampoco traen el “coco comido” por la religión, poseen un sentido de Dios en sus vidas tan natural  como el sentido de familia o el de trabajo, comparándolo con una de las tres anclas que debe tener un barco para mantenerse firme en el mar, para mantenerse firme en la vida.

No llegaron cerrados a una forma de creer única y especial. Su conversación estaba siempre dispuesta al intercambio de ideas, a la opinión libre, al aprendizaje del otro. Poseían y poseen una verdad tan palpable que no hace falta defender, sólo observarla y dejarse sorprender por una presencia real que los acompaña y los precede: La presencia de Dios.

La Cruz de los Jóvenes


Cómo presencié las ocasiones en las que intentaron acorralarlos con las preguntas típicas y tópicas como las de los tesoros del Vaticano y el hambre del mundo (tan viejas como la película de Las sandalias del pescador, aunque alguno crea que la acaba de inventar), la supuesta “enfermedad” de los homosexuales, o los abusos sexuales de los curas a los niños.


Cómo los vi responder con humildad y sencillez, con una paciencia que sólo da la paz de espíritu, con una dulzura que sólo puede poseer el que conoce de verdad el amor de Dios. No eran las respuestas lo que me maravillaba, sino esa capacidad de ponerse en el lugar del otro y de reconocer su sufrimiento lo que observaba embobada y sin dar crédito a mis sentidos.

Encuentro JMJ con Benedicto XVI

He de admitir que me avergoncé en numerosas ocasiones de la cuadrícula mental de mis conciudadanos, que temí mucho por ellos y por el daño que la maldad humana y la intransigencia, laica o religiosa, pudiera hacerle a corazones tan libres y tan faltos de dobleces.

Me sorprendieron con una capacidad innata de responder al mal con bien, con una seguridad de creencias espontánea, intrínseca, sin frases aprendidas ni planas calcadas de anteriores oradores. No era facilidad de palabra era fluir de sentimientos sin cotas ni prejuicios, sin ambigüedades ni separatismos. Era lo que yo imaginaba que tenía que ser la Fe.

El Señor es uno

No sólo llenaron mi mesa de bendiciones en cada desayuno, llenaron mi casa de bendiciones. Tuvieron palabras escritas a fuego sobre el corazón de mi hija adolescente, consejos de amigo, de los que se graban sin imponerse, de los que se quieren seguir porque te los dan con cariño.
El lenguaje de los jóvenes

Tuvieron tiempo para cada miembro de mi familia y supieron llegarnos a lo más profundo del alma, dejando una huella que sabemos que no la va a borrar la distancia ni el paso de los años.

Luego siguieron su camino y otros peregrinos llegaron a mi casa. Me sorprendí entregando parte de lo que había recibido y queriendo hacer que se sintieran como yo me había sentido en la anterior acogida.

Comprendí que de eso se trataba, de hacer llegar a todo el mundo el amor incondicional de Dios, de formar una cadena que pudiera traspasar cualquier barrera de rechazo o desencanto, que pudiera abrir una brecha de luz en la oscuridad que produce la falta de amor, la falta de comprensión, la falta de aceptación de la diferencia con el otro.

 Entonces y sólo entonces sentí el pleno convencimiento de que había sido partícipe de una gran verdad universal, que había participado activamente en transmitir el espíritu de la JMJ, que había vivido la experiencia de que Jesucristo pasara por mi casa.

miércoles, 18 de mayo de 2011

En mitad de Mayo, flores para un mundo mejor


No hubo flores para Juan Wilfredo Soto, El Estudiante, el último disidente muerto en Cuba en circunstancias nunca esclarecidas, en las que todo apunta a una causa demasiado trágica como para que sea una realidad en el siglo XXI. Una paliza en el parque después de haber sido invitado a desalojar por la policía castrista y un triste sepelio a los tres días, acompañado de un valiente Pastor, que se juega la vida gritando que a Dios no le gustan las mentiras, junto a otros noventa amenazados más, vigilados a corta distancia por mucho más miedo que odio.
Flores que no soportaron la impotencia de mantenerse erguidas ante el dolor humano y la injusticia. Flores que miran a sus hijos deshojarse mientras visten de blanco apoyadas en un nardo, camino a ninguna parte porque en Cuba todos los caminos conducen a Cuba y cuando se toma un camino diferente, siempre es para no volver.

Hubo flores en Sevilla, en la celebración de un sueño por dos años aplazados. Cuando todo lo demás defrauda, siempre al español le queda el futbol.
Cien mil personas en la calle gritando en verde y blanco, tocando con los dedos un éxito que sólo es en espíritu y nunca en cuerpo, una alegría que los hace creer que pertenecen a club de los ganadores, que les llena el sentimiento de colores aunque sus frigoríficos sigan vacíos al llegar a casa y tengan que levantarse temprano al día siguiente, si no quieren que se les pase la fecha de sellar el paro.
No son diferentes a los que celebraron la copa en Madrid, ni a los que ganaron la liga en Barcelona, son gente sencilla, con ganas de soñarse vencedores, gentes que agarran la ilusión con las dos manos porque con una sola se les caería. Flores que se tiñen de colores en los corazones de los hombres, que los llenan de efímera alegría intermitente, domingo a domingo, hasta mutarse en euforia o transformarse en anécdota para el resto de su historia.

Habrá flores en los jóvenes de España, esos que salieron a protestar contra todo en las ciudades. Era necesaria una protesta en la calle aunque se hicieron los locos los que tienen la obligación de organizarla, aquellos en los que confiamos como nuestros representantes sindicales. Claro que olvidamos que son sindicatos de trabajadores y si no hay trabajo no hay a quien representar, ese era el matiz.
Ahora son los jóvenes los que gritan a la clase política su disconformidad, nuestra disconformidad con la realidad que vivimos. Los que nos gritan que no votemos a los grandes partidos. Son jóvenes y quizás desconozcan cómo se pierden los votos dispersos, cómo se pacta con los votados minoritariamente, cómo se compran parcelitas de poder con los acuerdos posteriores.
Son jóvenes y no han visto la cara de tonto que a uno se le queda después de haber escuchado en un mitin gritos de acusaciones y sentencias contra el del otro partido que luego resulta ser la única opción de gobernabilidad para que “los otros” no accedan al poder.
Demasiado jóvenes tal vez  porque, en la educación que recibimos los de mi generación, patalear era un derecho pero para rechazar algo, tenías que ofrecer una opción mejor y era de bebés aquello de “no quiero porque no”.
Nos ha costado mucho llegar a conseguir que uno se pueda echar a la calle a protestar por lo que considere injusto o ilegal, eso es la democracia y eso lo tenemos. Todo lo demás son opciones susceptibles de ser cambiadas por otras opciones mejores que hay que proponer, que hay que luchar y hay que conseguir por los cauces que tenemos: nuestro voto.
No nos gustan los políticos porque no nos los creemos. Son demasiadas mentiras ya, demasiada corrupción, demasiado enchufismo, demasiado quítate tú, para ponerme yo. Pero todo puede cambiar si para ser político se exige una carrera universitaria como en otros países, si sólo los profesionales pueden acceder a las listas, si se elimina a todo ese elenco de arrimados que quieren vivir del resto, el resto de sus vidas.
Una nueva generación de clase política podría surgir de toda esa protesta. Indignados honrados por la democracia y la transparencia política del gobernante con carrera. Ese partido sí contaría con mi apoyo incondicional, esa opción compondría un ramillete de confianza y seguramente nadie lo convertiría en flor de un día.


miércoles, 4 de mayo de 2011

Primero vinieron a por unos...

Con qué facilidad y qué ligereza pasamos página de los acontecimientos y seguimos con nuestra vida asumiéndolo todo, aceptándolo todo, como indolentes que celebran su existencia porque ésta vez no nos ha tocado a nosotros.

Me parece falto de sensibilidad apretar el paso y hacer como que nada pasa cuando alrededor de nosotros pasan cosas, por no señalarnos, por no enfocar la luz sobre nuestra cabeza, por no ser los siguientes.

No acabo de entender qué pasa con el género humano, nos conformamos con las explicaciones a medias y no intentamos ahondar en la verdad, esa verdad que es lo único que puede hacernos libres. No interesa, encaja ahí, que no noten que miramos.

Somos como sombras de personas, gente que se escuda en el anonimato (ahora de los sobrenombres en internet) para decir lo que piensa sin dar la cara, para camuflarse entre la masa y conseguir ser el fantasma creador de una idea, que sólo será factible si muchos otros espíritus invisibles pinchan el botón "me gusta".

¿Qué nos está pasando? Vivimos del recuerdo de la libertad y perdimos el poder de cambiar las cosas con el exfuerzo. No protestamos por nada, nos tragamos las mentiras e incluso celebramos las verdades a medias, como triunfos de la libertad de expresión.

Nos parecen normales las acciones militares en países ajenos, la ejecución sin juicio a desarmados, la desaparición de cuerpos... Ya nos sirve aquello de que el fin justifica los medios siempre que se refiera a los demás.

Me pregunto qué hubiera pasado si el mayor terrorista del mundo se hubiera escondido en mi pueblo. Seguramente en mi vecindario no hubiera pasado desapercibido, somos muy curiosos por aquí. Lo más probable es que tuviéramos algún roce previo con él por los aparcamientos y alguien le mandara a los municipales para que pagara un vado.

Cualquier cosa me imagino menos que llegaran helicópteros a mi ciudad con la orden de matarlo. Eso sólo puede pasar en países lejanos, países que no son de fiar, no en mi país, ni en mi ciudad, ni en mi barrio... Todavía.

Pienso que hay demasiado dolor que se ha quedado sin justicia, que ha tenido que conformarse con la venganza.




lunes, 25 de abril de 2011

DONDE MUERE LA ESPERANZA. Relato.

De no ser por el cerco de la luna no lo hubiese visto llegar. El color de su piel se fundía con la noche y las sombras de los árboles camuflaban sus pasos presurosos. Lo tengo- me dijo colocando en mi mano el fajo redoblado de billetes-. Ahora él ya podrá ser libre. Luego abrazó mi vientre y me rozó los labios con un beso rápido, demasiado rápido como para ser una despedida, pero no tan rápido como para poder evitar que viese que lloraba.
No pregunté de donde procedía aquel dinero, podía imaginar que había embargado su vida por nosotros. Me limité a entregarlo a la persona indicada del muelle, que tampoco preguntó, y a intentar convencerme de que con mi trabajo pagaría su enorme deuda. No podía salir mal. Tras el mar estaban las oportunidades, una vida nueva donde poder criar a un niño nacido libre. Trabajaría muy duro para enviar dinero y en un par de años a lo sumo volveríamos a ser de nuevo una familia.

Pensaba en él en la fragilidad de la barca, abrazada a mi cintura y a la esperanza del futuro soñado. Rodeados de agua y noche, cuarenta desconocidos en silencio, con nuestra historia a cuesta y nuestros miedos a flor de piel, intentábamos no pensar.
Observamos al patrón mirar la hora, calcular la ganancia, pensar en el siguiente embarco y en le tiempo que le faltaba para soltar la mercancía. Mercancía. Somos sólo mercancía, un trabajo de carga y descarga, lo vemos en sus ojos cuando nos mira. ¿Cómo puede el ser humano acostumbrarse a todo?
El sentimiento no aflora a su rostro en todo el viaje. Mecánico manipula la vieja barca a motor con manos expertas, sin mirarnos. Tampoco hay piedad en sus labios cuando grita que saltemos porque hemos sido descubiertos.
No todos saben nadar pero él no atiende a razones. Debe salvar el negocio a toda costa. A costa de vidas de unos seres que no poseen más que eso, su vida y su esperanza.

Tampoco yo se nadar. Intento que me escuche, convencerlo de que puede llevarnos de vuelta y quedarse con el dinero. No me importa otra cosa que conservar la vida de mi hijo, pero sómos demasiados y la barca no alcanzaría la velocidad suficiente para escapar.
El patrón forcejea con los otros hombres y la barca se vuelca. El agua helada nos recibe con un abrazo de muerte y se traga de un sorbo nuestro sueño de libertad.
Oigo voces mientras me rindo a su abrazo y pienso en la posibilidad de que todo termine aquí.
Me pregunto a dónde irán a parar los restos de las esperanzas sesgadas.
Quién podrá alimentarse del miedo y la desesperación de un semejante.
Qué será de las vidas que se rompen justo antes de empezar, que se quedan en el limbo de los sueños, caminando en círculos, justo ahí, donde muere la esperanza.

lunes, 11 de abril de 2011

Qué somos en realidad

A través de los mensaje que el entorno nos envía llegamos a la conclusión de que somos un todo, relativizado por las decisiones que con más o menos acierto tomamos. Somos lo que comemos, somos lo que vestimos, somos lo que votamos, somos lo que compramos, somos en definitiva lo que los demás ven en nosotros.

Esa forma de determinar qué cosa somos y en qué podemos convertirnos es la manera más superflua de agrupar al ser humano en géneros neutros sin identidad. No me imagino siendo una loncha de jamón o una camisa de un gran almacén, entre otras cosas porque no siempre como jamón y no siempre me gusta un tipo de moda concreto y la que me gusta no siempre puedo comprarla. Es imposible que alguien sea lo que coma o lo que vista, a no ser que existan adjetivos como: dietomediterráneo, proteínico o jamónico (de york o serrano).
Tampoco entiendo que existan personas corteinglés, gente carrefour o generación mercadillo. No me cuadra.

Ni quisiera yo que se me conociera por lo que voto, triste de mí, tendría más nombres que las de sangre real si se contaran las veces que he cambiado de pensamiento, obra y omisión. Teniendo en cuenta que estoy en mi derecho y que nada de lo que se me ofrece me convence, ni del todo ni por mucho más de dos años, es lo más lógico y lo menos traumático de los sacrificios que una se ve obligada a hacer por su país.


Pero volviendo al tema, ¿por qué ese interés en catalogar al ser humano en grupos potenciales de consumidores de lo que sea? ¿Por qué esa necesidad de aborregarnos por categorías, de agruparnos en semejantes sengún nuestros hábitos o acontecimientos? ¿No han notado aún que el ser humano es único e irrepetible? ¿Que lo que a mí puede parecer que me da la felicidad a tí puede hacerte la persona más desgraciada?

 Es necesario que reivindiquemos nuestra individualidad creativa. No para evadirnos del mundo, no para aislarnos de los demás, sino para completar una creación rica y variada de la que se puede aprender siempre, de la que siempre puede esperarse algo nuevo, algo que nos defina como seres diferentes que componen un universo único por su diversidad y múltiple por su singularidad.
   
                                    

miércoles, 6 de abril de 2011

Cultivo una rosa blanca

Qué difícil es en estos días encontrar amistad verdadera. Tendemos por sobre todas las cosas a cuidar de nuestra independencia y a salvaguardar nuestra intimidad y nos encontramos las más de las veces solos como la una, sin un hombro amigo sobre el que llorar o sin una carita sonriente para alegrarnos las notas de este trimestre de vida.

Cuánto amarga la naranja amarga y sin embargo qué buena mermelada se hace con ella. Pienso que los minutos de soledad complementan al ser humano, siempre que sea elegida y no encontrada, que ya no impuesta porque eso sería delito de omisión a un derecho tan fundamental del hombre como es el de amar y ser amado.

 La soledad, ese pájaro grande multicolor que cantaría Milanés, pero que tan negro se vuelve cuando aparece de pronto y a veces tan rodeada de gente.
Los mejores poemas se escriben en soledad, las mejores canciones, las mejores quejas, los mejores reproches, la mejor inquina, el mejor despiadado pensamiento siempre está escrito en soledad.

Y mientras tanto cultivas miles de amigos a traves de unas redes cuasi fantasmas, que es posible que sean tan poco reales como el posicionamiento de las páginas que lees ahora, tan enrevesadas como la fórmula mágica del buscador que te ha traido hasta este absurdo artículo, a propósito de nada.

Entre tanto, hay gente por la calle, el sol brilla y otro como tú y como yo se siente solo mientras pasea a su perro por la avenida. Pero fíjate bien, no está solo, le acompaña el sol, el aire, la astenia primaveral, los pájaros esperando una miga de pan, el perro alargando su paseo, el coche que lo ve cruzar, el mundo entero que depende de que sujete su parte de gravedad para no caerse, es un ser importante y no lo sabe, porque nadie se lo ha dicho aún o porque se lo dijeron tantas veces que al final pensó que era otra campaña publicitaria que vendía felicidad.

Hoy hice una llamada. Anduve unos kilómetros y hablé con alguien a quien no hablaba desde hace miles, como dicen ahora los chavales.
Curiosamente no me había olvidado y a las pocas frases retomamos la amistad donde la habíamos dejado.
 He de admitir que me sentí un poco estúpida al marcar su número, ni siquiera lo tenía ya memorizado en el móvil, pero aún lo recordaba.
 Pensé. para tomar valor, que alguien debía apostar por tantos recuerdos y tantas vivencias compartidas, que no merecía la pena olvidar que hubo un tiempo en que compartimos soledades.
Confesaré que también quería compartir el sol, el sonido de los coches, el piar de los gorriones en primavera con alguien que conociera el poema de Martí:  "Cultivo una rosa blanca, para el amigo sincero que me da su mano franca".
 Hoy rememoré lo que es una conversación sin teclados y de nuevo tuve ganas de escuchar.

domingo, 3 de abril de 2011

DÍAS.

MUEVE EL MUNDO UNA BRISA GRIS QUE TIENDE A DEJARLO TODO QUIETO.
LA PRISA SE ADHIERE A LAS GENTES QUE VEN PASAR LOS DÍAS SIN QUE NADA CAMBIE.
TENEMOS UN SALIDERO EN EL RECIPIENTE DE LA ESPERANZA, LA VEO DERRAMARSE A MI ALREDEDOR Y SOY CONSCIENTE DE QUE CADA VEZ ME QUEDA MENOS.
NO ESPERO QUE ALGUIEN HAGA ALGO, SÓLO ESPERO NO DESISTIR.

VAMOS A HACER COMO QUE NO ESCUCHAMOS EL CANTO DE SIRENA, DEMOSLE TIEMPO AL QUE NO TIENE Y OXÍGENO AL DESALIENTO.
YA NOS CUESTA MIRAR AL FRENTE SIN TENER QUE BAJAR LA CABEZA. EMPEZAREMOS A DESPEDAZARNOS ENTRE NOSOTROS ANTES DE EL SOL SE PONGA Y LA LUNA LLENA NOS CONVIERTA EN LOBOS.
 SÓLO ENTONCES VOLVEREMOS A SER MÁS HUMANOS.

martes, 29 de marzo de 2011

Un Poemilla de Amor para un día de Primavera

Si caminas junto a mí, ellos no entienden, que después de tantos años tengamos todavía a donde ir juntos.
Si vas un paso atrás no nos comprenden, menosprecian tu gesto en cobardía, sin saber que me cubres la espalda con tu cuerpo.
Si vas delante de mí, abriendo el paso, liberando el camino de las sombras, no adivinan que así tu me proteges, no intentes explicar, no nos comprenden, no saben de nosotros, sólo es eso.
Cómo van a entender que dos personas puedan ser una y a la vez el mundo,
Que nos bastamos y sobramos juntos
Que todos se nos antoja decorado, de una obra de amor de actos y actos, que cada amanecer representamos.
No saben de guirnaldas ni de barro, de lo hermoso o lo triste que vivimos. De las grandes murallas que sorteamos, ni  las veces que perdimos el camino.
No intentes explicar, no nos conocen, no entienden el amor fuera del cuerpo. Cuando los pasos y la piel se agrietan, cuando resurge en la mirada el sueño. No somos como ellos, mi viejito, tu y yo supimos del amor eterno.

domingo, 27 de marzo de 2011

El misterio del jueves privado.

Era algo privado, eso saltaba a la vista. Era como esas palabras que se dicen pero no se acaban de decir, como algo que se conoce pero no se comparte, un verdadero misterio dentro de la casa.
Mi madre y mi tía tomaban café en la cocina. Recuerdo la mesa grande de madera, el olor del guiso ya hirbiendo desde la mañana, la calidez del sol filtrándose entre las cortinas estampadas de manzanas verdes y plátanos amarillos sin pintitas. Todo está dibujado en mi memoria.
Ellas riendo porque una había dicho la frase del eclipse: "Es que hoy es jueves" , "ni hablar, el jueves fue ayer" , todo entre risas. Y yo contando y recontando los días de la semana porque estaba convencida de que era lunes, que el día anterior fue domingo y al siguiente sería miércoles. Era verdaderamente desesperante, como descubrir que el mundo rodaba sin tí, que el tiempo llevaba otro ritmo y que eras incapaz de seguirlo.
Creo que en esos días se fraguaron muchas de mis inseguridades. Probablemente esas dos señoras sean las culpables de que vuelva sobre mis pasos cada vez que salgo de casa para ver si apagué el fuego de la cocina, o salga nada más llegar para comprobar que cerré bien el coche. Toda causa tiene su consecuencia, eso sí que lo tengo por seguro.

En otra ocasión mi padre llegaba de trabajar después de varios días "dando brochazos" en otra ciudad. Eran tiempos difíciles e intentaba sacar adelante una casa con cinco hijos, era usual que se ausentara casi toda la semana, yendo y viniendo de donde hubiera trabajo según la época del año. Por otro lado, menos mal, porque de haberse quedado siempre por la zona, hubiéramos llegado a ser el equipo de futbol que él siempre soñó, once más el banquillo. Pero el Señor es misericordioso y nos dejó en equipo de voleibol, bendito sea.

Pues llegaba el hombre y cenaba con todos los niños alrededor preguntando qué nos traía. "De comer" decía la mayoría de las veces con ese don de palabra que siempre lo caracterizó. Pero esperábamos y esperábamos y al final sacaba del bolsillo alguna chuchería, unas almendras saladas o algún paquete de caramelos que repartíamos como buenos hermanitos: a tonto el último.

Entonces salía a colación la dichosa frase de los misterios, siempre entre risas, siempre enigmática:"Acuesta a los niños que hoy es jueves". Y la sensación de estár perdiéndome el final de la película volvía, como un mazo a martillear mi seguridad emocional. ¿Acaso no era yo la mayor de los cinco, cómo se me podía escapar aquel chiste de mayores si yo ya podía ver las películas de un rombo? Dios qué desesperación.

Pero no quedó ahí la cosa, fueron muchos los años en los que me anduve preguntando por el jeroglífico dichoso, hasta después de casada y con hijas pregunté. Y no sólo yo, también los otros cuatro del voleibol tuvieron la misma intriga contenida hasta hace poco tiempo, hasta que entre bromas y veras un día de celebración de una de tantas cosas que nosotros celebramos, con dos copitas bien puestas se les escapó la historia.

Y es que cuentan que, de jóven, mi madre siempre pasaba por la Puerta Osario para ir a trabajar y un hombretón ya de años, de estos que nacen inocentes y son niños toda su vida, le preguntaba cada día si era jueves.
Con el tiempo se enteró de que el padre del niño, que ya no era tan niño y de algunas cosas ya sí tenía conocimiento y necesidad, lo llevaba cada jueves a conocer mujer y claro está, la criatura quería saber en el día en el que vivía.

De modo que ese era el misterio y de ahí venía la clave de tanta sonrisa de mayores. Ahora se entiende que nunca lo contara cuando fuimos niños y da algunas pautas de lo que fue la educación sexual de aquellos años en nuestro país.
De todas formas, porque los errores tienden a repetirse y la educación sexual que tenemos es la que nos dieron, tampoco le hemos explicado a nuestras hijas por qué les decimos cualquier día de la semana "A la cama, que hoy es jueves". Tal vez algún día, cuando ya tengas hijos y todo eso,en una celebración de una de tantas cosas que nosotros celebramos y con dos copitas, lo mismo se nos escapa.

CUENTO DE UNA NOCHE DE VIERNES.

Creo que eran más de las diez de la noche cuando encontré a mi padre trabajando en su taller de restauración. No es que sea restaurador, no, mi padre es pintor de brocha gorda pero como dice mi madre, "se da arte" con esto de sacarle la edad a los muebles viejos o desechados.
Aún no le ha dado por rastrear en los mercadillos o buscar lo que la gente tira, todo llegará, aunque  tiene, eso sí,  la habilidad de dar con ellos como si tuviera un radar orientado. En cada proyecto de obra y pintura que acomete, consigue algún mueble para restaurar, un trabajillo extra para el fin de semana con el consiguiente disgusto de mi madre, que no encuentra el momento libre adecuado para hacer el ansiado viaje al Caribe, que se llevan prometiendo toda la vida.
En ello estaba cuando llegué para mi cena familiar semanal, no con el sueño del viaje al Caribe sino con la realidad de una preciosa cama victoriana entre las manos.
- Pero ¿quién te ha dado eso?- Le pregunté.
- ¿Puedes creerlo? El hotel que estoy pintando lo tenía en el sótano y pretendían que lo tirara al contenedor.
En realidad no suelo prestar atención a los muebles que mi padre rescata de las fauces del olvido, pero esa cama tenía una belleza espectacular aún sin restaurar. El cabecero era de madera y tenía en el centro unas rosas en relieve maravillosamente talladas. Los traveseros estaban trabajados en forma de avispero de roble macizo con un calado imposible de definir de tanta dificultad y ornamentación artesanal como encerraban. Me contó mi padre que entre cuatro hombres no pudieron mover aquella cama y que tuvieron que optar por desmontarla, para lo cual emplearon casi tres horas. No podía salir de mi asombro.

Durante más de un mes fui cada día a ver los progresos que iban consiguiendo, pacientemente, con aquella obra de arte. Y digo iban porque la viajera caribeña también se unió a los trabajos y anduvo forrando de terciopelo salmón cuanta superficie plana encontraba, dándole un aspecto de bombonera lujosa al resultado. Era sencillamente espectacular lo que estaban consiguiendo.
Mientras ellos trabajaban, queriendo quizás hacerme un hueco en el proyecto o por pura y simple curiosidad, yo me dediqué a investigar la historia del hotel, de su constructor, de su decorador, de las personas importantes que pasaron por él en los casi doscientos años de historia de su existencia y lo cierto es que quedé francamente sorprendida. El primer dueño del edificio fue un duque alemán, un incansable viajero que se estableció en nuestra ciudad después de casarse en América. De allí fue precisamente de donde trajeron los cargueros de madera para el interior del hotel, de la mismísima selva amazónica, de donde se creía que era originaria la esposa de nuestro duque. Dicen las crónicas de esa época que todos los muebles fueron encargados en un famoso taller de Flandes y que se tardó más de diez años en inaugurar el hotel, por la dificultad para el transporte y el coste que supuso. Pero lo más interesante estaba en las historias de la historia, es decir, en la leyenda que arrastraba.
Se decía que existía un verdadero interés por dormir en la suite nupcial del hotel y que los más distinguidos personajes habían llegado a mayores por acceder a ese privilegio.
 Al parecer, según contaban, después de pasar una noche en aquella habitación se les revelaba en sueños la solución a las decisiones que debían tomar para encontrar el camino hasta la felicidad. Era tal la fuerza de aquellas revelaciones que se decía que en aquella cama llamada "la del ramo de rosas" fue donde se decidieron los nombres de muchos gobernantes de la Europa de la época y también donde se determinaron muchos proyectos y conjuras.
Soy una mujer adulta, no creo en cuentos de hadas ni de brujas, pero hoy estoy realmente nerviosa e ilusionada. La cama lleva ya diez días majestuosa, presidiendo la habitación de mis padres, siendo admirada por unos y envidiada por otros, y hoy por fin yo voy a dormir en ella. Tengo la intranquilidad y el hormigueo en la boca del estómago de cuando me mandaban a dormir de pequeña en la noche de Reyes. Claro que no creo en poderes misteriosos ni en bulos de pueblo, ni en historias de brujas amazónicas,  pero me siento expectante por lo que quiera que sea que pueda ocurrir. Siento la sensación de que es una noche importante y no es porque mis padres me pidieran que cuidara de su casa mientras no estaban, es otra cosa que no sé explicar.

Aquí me encuentro, a los pies de esta cama de la leyenda, pensando si no tendría que haberle hablado a mis padres sobre lo que averigüé de su procedencia. Podrían haberme contado algo, si es que había algo que contar. Ahora casi me da miedo acostarme y ellos no están aquí para aconsejarme qué hacer. Si no me equivoco, en estos momentos su avión debe estar tomando tierra a orillas del mar Caribe. Quizás ese sea su camino para encontrar la felicidad.

Relato: Abandono, una paranoia de sábado.

ABANDONO: 
Todas la noches se acostaba con la sensación de que sería la última y cada mañana se levantaba con la intención de suicidarse. No era un hombre infeliz, su vida era una sucesión de días anodinos que terminaban con la esperanza nocturna de no volver a levantarse.
Vivía solo desde que Carmen se marchó con el mismo entusiasmo con el que se instaló en su casa una mañana de resaca.
Encontró sin duda a alguien mas divertido con quien beber las noches de los sábados, o eso dijeron,  y mudaron sus pertenencias a otro sitio.
Se llevaron también la tortuga, el único dinosaurio milenario tan acostumbrado a sobrevivir, que podía incluso aguantar semanas sin comer rodeado de agua sucia y olvido.
Desde entonces sólo mirar la ventana de enfrente le causaba alguna especie de felicidad velada. Ver a la vecina regar las plantas en camisón y adivinar sus movimientos tras los visillos representaba para Manuel un aliciente morboso en aquel vivir sin causa, en que se había convertido su existencia.
Sin Carmen no tenía razones para beber, ni para vivir. Su monótono trabajo poniendo sellos con la fecha en los expedientes recibidos de la Seguridad social, tampoco le animaban para continuar. Las visitas programadas mensualmente a casa de sus progenitores le resultaban pesadas, como los días previos a la visita al dentista. Nada que no fueran las miradas furtivas prodigadas a su vecina, le provocaba el más mínimo interés.
El día que recibió la primera nota curiosamentes no había pensado en suicidarse.
“Vas a morir” decía escuetamente. Manuel esbozó su primera sonrisa en meses.
La segunda nota llegó al día siguiente.
“La muerte está frente a ti”. Manuel no pudo evitar mirar por la ventana. Su vecina regaba un geranio rosa. Llevaba su camisón azul cielo.
Las siguientes notas de aquella semana le hicieron pensar que la broma ya estaba durando demasiado. Pensó en avisar a la policía, en consultar con alguien, pero no tenía nada que denunciar ni sospechaba de nadie.
Sin más dejó de abrir su buzón. Tampoco volvió a abrir la ventana.
Días más tarde vio movimiento tras las cortinas. Unos hombres trajeados medían las paredes y anotaban datos en una carpeta. Uno de ellos colocó un cartel de Se Vende en el balcón.
 Miró a los pies de la cama, donde asomaba un trozo de tejido azul cielo.Una sensación de abandono inundó su alma y lo invadieron de nuevo los deseos de morir.
 Manuel comprendió que ella también se había ido, igual que Carmen. Y ni siquiera se había llevado el camisón. 

DE LUNES, BIENVENIDA A ESPAÑA, LA TIERRA.

EL LUNES COMIENZA CON UNA RETENCIÓN DE ESAS QUE TE HACEN TOMARLE CARIÑO AL CONDUCTOR DE DELANTE. EL DÍA LO INTENTA, TE RECIBE CON SOL Y UN AIRECILLO APETECIBLE SI FUERA DOMINGO Y ESTUVIÉRAMOS EN EL CAMPO.
UN MILLON DE PARADOS MAYORES DE 45 AÑOS TEME DESPERTARSE PARA VIVIR OTRO DÍA DE DESASOSIEGO. PERO NUESTROS SINDICATOS HOY SÍ PROTESTAN, AUNQUE ES SÓLO PORQUE SE FILTRARON LAS CIFRAS DEL PARO ANTES DE TIEMPO.
HAY UNA OFERTA DE AUXILIAR EN LA QUE EL REQUISITO MÍNIMO ES SER DIPLOMADO, NO ES LA ÚNICA. ME DIVIERTE Y ME APENA LA OFERTA DE AYUDANTE DE FRUTERO CON INGLÉS ALTO PARA UN PUEBLO DE DOS MIL HABITANTES. VA A PASAR ESTE LUNES COMO TANTOS OTROS, ESA ES LA BUENA NOTICIA. LA MALA TAMBIÉN. ADORO MI PAÍS.
18:25:49 . 03 Mayo 2010

RESIGNACIÓN MARCIANA, DE MARTES.

Sin sentido figurado o desfigurado, seguimos con paso lento y casi tumbado, nada que ver con el "tumbao" caribeño por cierto, sin ganas de empezar algo porque no hay por donde terminar.
Se nos transfigura tanto la persona que somos más agresivos que nunca al volante. Despiertas a bocinazos y malos gestos en las mañanas maravillosas de la primavera, que hace lo que puede con el entorno, intentando que se nos contagie un brote de esperanza.
Tenemos veinte mil parados menos dice triunfalista el telediario. Me pregunto de dónde serán, en mi barrio los coches siguen aparcados a las diez de la mañana.
Aún así vamos a colaborar con el resurgimiento de los paises con verdaderos problemas económicos, eso sí. Mis dirigentes se reunen para tratar el tema de la ayuda a Grecia y no dejan de repetir que no es el suyo nuestro caso. Son tran creibles que hoy la bolsa ha caído varios puntos por el miedo al contagio.
Me pregunto si será otra epidemia como esa de la gripe A, tan voraz que iba a acabar con la población mundial, tan selectiva que sólo tendría vacunas para unos pocos y tan ignorada que ni esos pocos fueron a reclamarlas. Espero ciertamente que pudieran devolver las dosis porque yo creo que ese gasto desmedido bien pudo ser uno de los causantes de que mi médico de cabecera me recete ibuprofeno para todo.
Debe ser un ahorro ahora para la Seguridad Social, pero teniendo en cuenta que las mujeres a partir de los 40 tenemos cambios hormonales importantes, junto con la ingesta escesiva del retenedor de líquidos por escelencia, vease ibuprofeno, el ahorro se les puede convertir en gasto desmesurado en endocrinos, cuando estos cuerpos serranos reaccionen y se rebelen.
No está mal para ser martes, he descubierto que mi futuro inmediato en este país es ser una obesa-parada-de España. Bueno, qué le vamos a hacer, podía ser peor, no sé de que manera pero debe de poder ser peor. Habrá que resignarse porque no vamos a ser obesa-parada-de España-insurrecta, ¿no? Tendría que cambiarle el título al artículo y tampoco vamos a ser tan perfeccionistas.
Ahí quedó.

19:30:23 . 04 Mayo 2010

MIERCOLES DE MIERDA.

Recuerdo que hubo un lunes de fiesta. No puedo poner en pie de qué festividad se trataba pero hubo un puente y la semana empezó el martes.
En un mundo tan programado como es el de un niño de cuatro años, mi hija tenía bien definidas sus prioridades y obligaciones:
Un cuadrante pegado al frigorífico con imanes nos decía qué había que llevar de desayuno cada día de la semana. Lunes: galletas o bizcocho casero, Martes: bocadillo, Miércoles: fruta, Jueves: Lacteos, Viernes: lo que más le haya gustado.
Otra hojilla repartida a primero de curso nos avisaba de que el miércoles debía llevar ropa deportiva con calzado de velcro para la gimnasia y la sicomotricidad.
Una octavilla por trimestre, coincidiendo con el cambio de estación, nos recordaba la necesidad de revisar las cabezas de los niños por los riesgos de visitantes.
Todo estaba organizado y milimétricamente previsto. Lógicamente porque para los niños los hábitos son el aprendizaje y la costumbre, la seguridad.

Si hasta ahí yo lo entiendo, si me aprendí lo de Lunes-luna, Martes-martillo, Miércoles-miel, Jueves-juguete y viernes-viento, si estoy de acuerdo con los métodos de enseñanza de los cursos de infantil (ya de los otros habría que abrir página extra, pero de los de infantil, conforme al cien por cien). Lo dicho, nada que objetar al respecto.

Pero claro, hay un día de fiesta, se te enajena la cotidianidad, ni te has dado cuenta del festivo porque has puesto el mismo número de lavadoras y has barrido y limpiado lo de todos los días, y entonces puede ocurrir.

Y claro que ocurrió. El Martes-martillo, muy alerta: bocadillo. Y el Miércoles-miel, abducida y fuera de órbita: bocadillo de nuevo, faldita vaquera corta, medias blancas con margarita bordada en el tobillo y zapatitos de hebilla.

La tragedia se masticaba en el ambiente cuando llegamos a la puerta del colegio. Algunas madres miraban como si directamente hubíeramos cavado con nuestras manos el mísmisimo agujero de ozono.
Una, bienintencionada y sagaz como ella sola señora, se acerca a la niña y con voz de dirigirse a los niños o a los gnomos de la madre de "La niña Repelente", le dice a mi hija:
- Ceci, ¿tú no sabes que hoy es Miércoles-miel y toca frutita y ropa deportiva?

La criatura abre los abanicos de los ojos y me interroga con un halo de desesperación en la mirada:
- Mamá, hoy qué es, ¿Miércoles-miel?

Entonces yo miro sus zapatitos de hebilla, su faltida vaquera corta y sus medias blancas con margaritas bordadas en los tobillos, recuerdo el bocadillo de chorizo que lleva en la cartera e imagino cómo será el día de colegio que le espera, cuando la "Seño" le ponga carita disgustada en la hoja de hábitos y en el salón de deporte no pueda hacer el paso del cangrejo por el suelo, como todos sus compañeros.
La miro y pienso que la vida empieza ese día a mostrarle que puede ser amarga, que si es diferente y no sigue la corriente establecida va a sufrir lo indecible, que hoy puede ser el primer día de una lista interminable de días imperfectos y decepcionantes de su existencia como ser humano...

Y fue cuando lo hice, lo reconozco, perdí toda compostura, me salió la ordinaria que todas llevamos dentro, se me borraron de un soplo las buenas maneras y la educación exquisita de la que hago gala, y contesté.

A su pregunta inocente de "hoy qué es, miércoles-miel" le contesté con toda la decepción y la ira de años de no estar a la altura:
-Hoy no es miércoles-miel, hija, hoy es ¡miércoles de mierda!
Ese día le cambiamos el nombre al puñetero miércoles y bautizamos nuestras saga anécdotas íntimas de madre e hija.
Ahí quedó.
00:26:00 . 06 Mayo 2010