El misterio del jueves privado.

Era algo privado, eso saltaba a la vista. Era como esas palabras que se dicen pero no se acaban de decir, como algo que se conoce pero no se comparte, un verdadero misterio dentro de la casa.
Mi madre y mi tía tomaban café en la cocina. Recuerdo la mesa grande de madera, el olor del guiso ya hirbiendo desde la mañana, la calidez del sol filtrándose entre las cortinas estampadas de manzanas verdes y plátanos amarillos sin pintitas. Todo está dibujado en mi memoria.
Ellas riendo porque una había dicho la frase del eclipse: "Es que hoy es jueves" , "ni hablar, el jueves fue ayer" , todo entre risas. Y yo contando y recontando los días de la semana porque estaba convencida de que era lunes, que el día anterior fue domingo y al siguiente sería miércoles. Era verdaderamente desesperante, como descubrir que el mundo rodaba sin tí, que el tiempo llevaba otro ritmo y que eras incapaz de seguirlo.
Creo que en esos días se fraguaron muchas de mis inseguridades. Probablemente esas dos señoras sean las culpables de que vuelva sobre mis pasos cada vez que salgo de casa para ver si apagué el fuego de la cocina, o salga nada más llegar para comprobar que cerré bien el coche. Toda causa tiene su consecuencia, eso sí que lo tengo por seguro.

En otra ocasión mi padre llegaba de trabajar después de varios días "dando brochazos" en otra ciudad. Eran tiempos difíciles e intentaba sacar adelante una casa con cinco hijos, era usual que se ausentara casi toda la semana, yendo y viniendo de donde hubiera trabajo según la época del año. Por otro lado, menos mal, porque de haberse quedado siempre por la zona, hubiéramos llegado a ser el equipo de futbol que él siempre soñó, once más el banquillo. Pero el Señor es misericordioso y nos dejó en equipo de voleibol, bendito sea.

Pues llegaba el hombre y cenaba con todos los niños alrededor preguntando qué nos traía. "De comer" decía la mayoría de las veces con ese don de palabra que siempre lo caracterizó. Pero esperábamos y esperábamos y al final sacaba del bolsillo alguna chuchería, unas almendras saladas o algún paquete de caramelos que repartíamos como buenos hermanitos: a tonto el último.

Entonces salía a colación la dichosa frase de los misterios, siempre entre risas, siempre enigmática:"Acuesta a los niños que hoy es jueves". Y la sensación de estár perdiéndome el final de la película volvía, como un mazo a martillear mi seguridad emocional. ¿Acaso no era yo la mayor de los cinco, cómo se me podía escapar aquel chiste de mayores si yo ya podía ver las películas de un rombo? Dios qué desesperación.

Pero no quedó ahí la cosa, fueron muchos los años en los que me anduve preguntando por el jeroglífico dichoso, hasta después de casada y con hijas pregunté. Y no sólo yo, también los otros cuatro del voleibol tuvieron la misma intriga contenida hasta hace poco tiempo, hasta que entre bromas y veras un día de celebración de una de tantas cosas que nosotros celebramos, con dos copitas bien puestas se les escapó la historia.

Y es que cuentan que, de jóven, mi madre siempre pasaba por la Puerta Osario para ir a trabajar y un hombretón ya de años, de estos que nacen inocentes y son niños toda su vida, le preguntaba cada día si era jueves.
Con el tiempo se enteró de que el padre del niño, que ya no era tan niño y de algunas cosas ya sí tenía conocimiento y necesidad, lo llevaba cada jueves a conocer mujer y claro está, la criatura quería saber en el día en el que vivía.

De modo que ese era el misterio y de ahí venía la clave de tanta sonrisa de mayores. Ahora se entiende que nunca lo contara cuando fuimos niños y da algunas pautas de lo que fue la educación sexual de aquellos años en nuestro país.
De todas formas, porque los errores tienden a repetirse y la educación sexual que tenemos es la que nos dieron, tampoco le hemos explicado a nuestras hijas por qué les decimos cualquier día de la semana "A la cama, que hoy es jueves". Tal vez algún día, cuando ya tengas hijos y todo eso,en una celebración de una de tantas cosas que nosotros celebramos y con dos copitas, lo mismo se nos escapa.

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