LA GENERACION DEL DESENGAÑO.

Es posible que estemos viviendo los últimos momentos de muchas condiciones. Nuestra condición de clase media emprendedora vive sus últimos instantes.
La condición de padre de familia, pilar de la casa y muro de contención ante los vaivenes de la vida, también se tambalea.
 Se muere el estado de bienestar. Se apaga lentamente la sensación de seguridad que se adivinaba con cada amanecer, cuando los hombre y mujeres salían a la calle a buscarse la vida con el convencimiento de que, al terminar el día, se habrían ganado el pan de su casa.Hoy siguen levantándose al alba para engordar las filas en la oficina de empleo. Hay días que desde la esquina se distingue el reguero de paraguas como negro augurio de lo que siempre se está avecinando y nunca termina de explotar. Hoy los más aventajados aún conservan empleos tambaleantes en los que aguantan bajadas de sueldos y cobros que se juntan mes tras mes, porque al pobre empresario no le pagan.  El miedo ante la elección de eso o nada, los mantiene en el eterno aguante, en la miserable alegría de ser uno de los elegidos, de los que todavía pueden decir que están trabajando.El resto, esa masa informe que se arrastra de oferta en oferta de empleo, tiene que bregar con selecciones de personal interminables, con intentos de estafa a cada paso, con la soberbia pedantería de la niña de márketing llegada de la capital, que se permite tildarte de inepto mientras fija su mirada sobre tu hombro, donde esperan cincuenta ineptos más para seleccionar.
 
Si tienes suerte, entrarás en el proceso de formación en el que tendrás dos días de teórica  y el  resto del mes de prácticas, sacándole trabajo a la empresa sin contrato ni sueldo. Trabajando de gratis y legalmente, para que se me entienda.
 El mes siguiente será de prueba y antes de llegar al día treinta se te comunicará que no cumples con las expectativas que se pusieron en ti.
 No te quejes, hay cuarenta y nueve detrás tuya y con tres chollos más como ése, juntas lo necesario para ser subvencionado con la ayuda familiar, un engañabobos más, un caramelito que se te regala sin avisarte de que el relleno es hiel, porque es lo que te ganaste, una ayudita de mierda con la que no sentirte del todo despreciado.
Pero eso si tienes suerte. Si por el contrario fuiste emprendedor, de esos de los que se decía que eran necesarios para que el país funcionara, porque pusiste tus miserables ahorros al servicio de la comunidad y abriste una tiendecita de barrio o te hiciste fontanero, e incluso contrataste a un ayudante en paro, mientras las grandes fortunas sabrá Dios o wikileaks dónde se escondieron, entonces te cagaste fuera, hermano.
Dichoso serás si no arrastras deudas o impagos que ponen en peligro tu techo, dichoso si pudiste pagarle todo a hacienda y a la Seguridad social, dichoso si conservas tu vehículo o si pudiste colocar el género a algún mercadillero de la provincia.
 Más dichoso si conseguiste que te devolvieran la fianza del alquiler del local, o si alguno de los que te dejaban fiado al final se apiadó de ti y te liquidó la cuenta. Porque de los no dichosos se cuentan por millares las depresiones y lo que no se cuenta porque sería hacernos pinchitos de tristeza y tragedia.
Ajenos a subvenciones por cuenta propia, se debería llamar ese grupo inmenso de autónomos de España. Ajenos a derecho a paro, a ayuda familiar, a préstamos con los que liquidar sus deudas. Los bancos están cerrados para ellos, las ayudas gubernamentales también, las subvenciones, el desempleo.
 Son los desterrados de la condición de protegidos. Los abandonados de todas las organizaciones, la clase agonizante de trabajadores en paro.
Generalmente son personas mayores de treinta y cinco años, acostumbrados a trabajar para ellos mismos, formados en una etapa de su vida y pulidos por la experiencia del trabajo de calle. Auténticos profesionales del día a día, tiburones de la lucha a brazo partido con la iniciativa, verdaderos ineptos para empresas explotadoras de la desgracia ajena y abanderadas de la mercadotecnia del chupaculismo nacional.Fueron, fuimos, el futuro de España. Son, somos, la generación del desengaño.

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