Te saludo, mi invitado.

Bienvenido al lugar. Pasa sin llamar. No hay grandes descubrimientos, en lo sencillo está casi siempre la sabiduría, aunque no es éste el caso.


Siéntate donde puedas y mira pasar la vida desde una ventana del sur. Todo parece diferente cuando se lee a media voz, ante una copa de vino. Aunque puedes gritar si quieres, la libertad es un don preciado y un signo de salud.

Permítete brindar por ella: ¡ por tu salud!

domingo, 27 de marzo de 2011

PERSIGUIENDO HORMIGAS: OTRO INVIERNO LLUVIOSO.

 Me he llevado todo el verano persiguiendo hormigas. No sabía que pudieran haber tantas, que hubiera tantos frentes atacando la intimidad de mi hogar. Durante todo el invierno no se ven y una fantasea con la idea de que vive sola con su familia, sin molestos invasores que quieren compartir tu espacio y aniquilar tu tranquilidad. De acuerdo, creo en la existencia de los ácaros porque soy una persona de fe, no porque los haya visto y porque alguna vez estornudo al airear las mantas o las alfombras. Pero lo de las hormigas ciertamente es un misterio.
De un día a otro aparecen en la cocina, en el salón, en el dormitorio, como un reguero de motas, como pespunte negro en traje blanco, como caravana en el desierto. Te armas de insecticida haciendo caso omiso del calentamiento global y atacas sin piedad. Aparecen más, las primas, las tías del pueblo, las amigas de la infancia de todas y cada una a las que arrasaste con el soplido maldito de veneno pulverizado. Vuelves al supermercado y te agencias uno que dice durar todo un año. Levantas armarios, macetas, paraguero, retiras sofás, mandas a todos a la calle para que no se intoxiquen y bañas de muerte a presión toda la casa. Sigues las instrucciones religiosamente: dos días sin mojar la zona afectada, ventilar venticuatro horas, no respirar el ambiente tratado y al tercer día parecen resucitar sin visitar los infiernos.
La desesperación se apodera de tu alma. Escuchas a las viejas veintemil remedios y acabas por comprar cola de carpintero para sellar una a una las entradas y salidas de sus cuevas malditas instaladas ilegalmente en tu propiedad. Para ello las sigues y las persigues, por algún sitio tienen que entrar, una quema, una junta, un agujerillo entre losetas, un desnivel en el suelo, un rinconcillo, cualquier sitio es bueno para que se escondan. Y tu sellas y sellas, taponas, sepultas, toda la casa llena de pegamento, limpias y relimpias por ver si de aburrimiento o de hambre se marchan y esperas con los ojos tan abiertos que tu familia empieza a creer que algo mental te está pasando. Entonces pasa, cada vez ves menos, parece que ya no hay tantas, por este lado ya no pasan pero,¿ estarán todas por debajo de la casa? ¿Se dedicarán ha hacer subterraneos hasta que hundan literalmente los cimientos de éste mi humilde hogar? ¿Continuarán su escarba-escarba hasta ir a visitar a sus sobrinas de China? Creo que me estoy obsesionando. Ya hasta veo personas-hormigas entre los contactos de mis contactos de internet. Persistentes con su escarba-escarba retorciendo los temas, saliendo de debajo de las losetas, de cualquier rincón de debajo de la superficie, en fila india, como motas, como pespunte negro en ropa blanca, con un erre que erre que quiere desgastar mi psique, mi equilibrio, mi claridad mental. Ah! pero no cuentan con mis remedios de viejas, no saben de la existencia de la cola de carpintero que todo lo sepulta. Realmente están perdidas.

1 comentario:

  1. voy por alla, no hayo como sacarlas, ya me tienen loca... por favorcito que este año sea lluvioso... si es que tienen relación... inf --'

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