PUES NO, YO NO SOY ROCIERA.

Hace más de dos meses que en la puerta de mis vecinos hay aparcado un carromato que día a día se ha ido convirtiendo en carreta rociera. Dadas las dimensiones del artefacto a ruedas hemos perdido en la calle seis aparcamientos.
Cada tarde al llegar a casa tengo que jugar al tetris para acoplar mi utilitario no demasiado lejos de mi casa, con idea de no parecer un burro con alforjas acarreando la compra desde cien metros de distancia. Acabo agotada de cargar y descargar y encima tengo que aguantar la cara larga de mi vecina porque le he aparcado en su puerta y, cuando llegue su hijo, será él el que tenga que jugar al tetris con su coche. Pero no pasa nada, todo sea por el Rocío.

Ayer y hoy han sido festivos para los niños, no ha habido colegio en el pueblo donde estudian porque salen las carretas de Rocío. Durante toda la mañana y hasta pasadas las seis de la tarde un bombardeo de cohetes ha amenizado los cielos de mi pueblo, que, aunque no tiene su salida de carretas hoy, es lugar de paso para todas las que vienen subiendo el Aljarafe.

Para ir a comprar al supermercado he tenido que salir por la autopista porque todos los caminos y carreteras generales estaban cortados, llenos de caballos y yeguas, carretas y carromatos, flamencos y flamencas, romeros y romeras (hay que decir bien todos los géneros que si nó se nos enfada la ministra de igualdad). Para volver del supermercado me he tragado diez minutos de coche parado por un fornido guardia al que tanto le daba que estuviera en frente de mi casa.

Todos mis vecinos han salido a ver pasar las carretas de los otros pueblos y a terminar de preprar las suyas propias para la salida de mañana. Mañana no hay que olvidar que será festivo aquí, luego ni pensar en salir de la casa en coche, so pena de volver a la caída de la noche.

A todo esto la pregunta que se repite a todas horas: Niña, ¿tú no vas al Rocío?
No señora, me dan alergia los pinos. Y esas caras que te miran como si hubieras sido tú la que puso la reja para que no se saltaran a sacar a la Virgen.

Y qué le hago si no me gusta la idea de estar siete días vestida de flamenca montada en un carro y tragando polvo, si no me imagino con este calor cantando por entre los caminos y arrascándome como un mono con las alergias primaverales, si no me parece que sea lo más lógico para mi maltrecha economía el gastarme lo que no tengo para llevar un bar ambulante por el gusto de derrochar alegría con todo el que me encuentre. ¿Qué puedo hacer yo si no me gusta el Rocío?

Si yo no digo que no sea bonito, para el que le guste, si no digo que no haya fe y que esa sea una forma como otra cualquiera de demostrarla, si no se me ocurriría pensar que todo es pasarlo bien y que hay quien se viene sin siquiera ver a la Virgen, ¿quién soy yo para manifestarme de esa forma?

Yo lo que digo es que la Virgen va a estar allí todo el año y cualquiera de los días es bueno para ir a verla y a rezarle, que no pasa un año sin que la visite, escuche misa y le prenda una vela de agradecimiento. Entonces, ¿Para qué tanta pregunta? ¿Acaso haría falta una sosa como yo en la romería? Andando, a disfrutarla, que Nuestra Señora del Rocío los acompañe y los proteja, que vuelvan llenos de fe y alegría para todo el año, que el próximo puedan ir a verla. Llévense mis mejores deseos pero déjenme aquí, sin caballos, sin cohetes, sin calor, sin polvo y arena, sin pinos, cantes ni bailes, que yo no soy rociera.
18 Mayo 2010

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