En mitad de Mayo, flores para un mundo mejor


No hubo flores para Juan Wilfredo Soto, El Estudiante, el último disidente muerto en Cuba en circunstancias nunca esclarecidas, en las que todo apunta a una causa demasiado trágica como para que sea una realidad en el siglo XXI. Una paliza en el parque después de haber sido invitado a desalojar por la policía castrista y un triste sepelio a los tres días, acompañado de un valiente Pastor, que se juega la vida gritando que a Dios no le gustan las mentiras, junto a otros noventa amenazados más, vigilados a corta distancia por mucho más miedo que odio.
Flores que no soportaron la impotencia de mantenerse erguidas ante el dolor humano y la injusticia. Flores que miran a sus hijos deshojarse mientras visten de blanco apoyadas en un nardo, camino a ninguna parte porque en Cuba todos los caminos conducen a Cuba y cuando se toma un camino diferente, siempre es para no volver.

Hubo flores en Sevilla, en la celebración de un sueño por dos años aplazados. Cuando todo lo demás defrauda, siempre al español le queda el futbol.
Cien mil personas en la calle gritando en verde y blanco, tocando con los dedos un éxito que sólo es en espíritu y nunca en cuerpo, una alegría que los hace creer que pertenecen a club de los ganadores, que les llena el sentimiento de colores aunque sus frigoríficos sigan vacíos al llegar a casa y tengan que levantarse temprano al día siguiente, si no quieren que se les pase la fecha de sellar el paro.
No son diferentes a los que celebraron la copa en Madrid, ni a los que ganaron la liga en Barcelona, son gente sencilla, con ganas de soñarse vencedores, gentes que agarran la ilusión con las dos manos porque con una sola se les caería. Flores que se tiñen de colores en los corazones de los hombres, que los llenan de efímera alegría intermitente, domingo a domingo, hasta mutarse en euforia o transformarse en anécdota para el resto de su historia.

Habrá flores en los jóvenes de España, esos que salieron a protestar contra todo en las ciudades. Era necesaria una protesta en la calle aunque se hicieron los locos los que tienen la obligación de organizarla, aquellos en los que confiamos como nuestros representantes sindicales. Claro que olvidamos que son sindicatos de trabajadores y si no hay trabajo no hay a quien representar, ese era el matiz.
Ahora son los jóvenes los que gritan a la clase política su disconformidad, nuestra disconformidad con la realidad que vivimos. Los que nos gritan que no votemos a los grandes partidos. Son jóvenes y quizás desconozcan cómo se pierden los votos dispersos, cómo se pacta con los votados minoritariamente, cómo se compran parcelitas de poder con los acuerdos posteriores.
Son jóvenes y no han visto la cara de tonto que a uno se le queda después de haber escuchado en un mitin gritos de acusaciones y sentencias contra el del otro partido que luego resulta ser la única opción de gobernabilidad para que “los otros” no accedan al poder.
Demasiado jóvenes tal vez  porque, en la educación que recibimos los de mi generación, patalear era un derecho pero para rechazar algo, tenías que ofrecer una opción mejor y era de bebés aquello de “no quiero porque no”.
Nos ha costado mucho llegar a conseguir que uno se pueda echar a la calle a protestar por lo que considere injusto o ilegal, eso es la democracia y eso lo tenemos. Todo lo demás son opciones susceptibles de ser cambiadas por otras opciones mejores que hay que proponer, que hay que luchar y hay que conseguir por los cauces que tenemos: nuestro voto.
No nos gustan los políticos porque no nos los creemos. Son demasiadas mentiras ya, demasiada corrupción, demasiado enchufismo, demasiado quítate tú, para ponerme yo. Pero todo puede cambiar si para ser político se exige una carrera universitaria como en otros países, si sólo los profesionales pueden acceder a las listas, si se elimina a todo ese elenco de arrimados que quieren vivir del resto, el resto de sus vidas.
Una nueva generación de clase política podría surgir de toda esa protesta. Indignados honrados por la democracia y la transparencia política del gobernante con carrera. Ese partido sí contaría con mi apoyo incondicional, esa opción compondría un ramillete de confianza y seguramente nadie lo convertiría en flor de un día.


Comentarios

  1. La situación en Cuba está realmente complicada. Existen facciones pro-apertura y otras pro-continuismo dentro del Partico Comunista. Se avecinan luchas intestinas muy fuertes, quizás sangrientas. Espero que un país con uina gente maravillosa no pase por lo que preveo que pase. En 1 mes estaré en La Habana en un congreso. Ya te contaré.
    Un saludo desde la tierra del tango.

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