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Mostrando entradas de agosto, 2011

Agitado día de compras o Los delitos de un viernes.

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No me gusta ir de compras, me agobian las multitudes. Generalmente suelo comprarlo todo de una vez para no tener que volver a visitar un supermercado en quince días. Tampoco me hace gracia comprar ropa. Me suelo estudiar los catálogos y voy a tiro hecho por la prenda que necesito, no digo la que me gusta porque generalmente no coinciden, ni en precio ni en posibilidades de pertenecerme. Soy parada de España, no se olvide.
  El caso es que hoy no tuve más remedio que acercarme a un centro comercial para comprar algunos regalos. Como es mi costumbre me decanto por regalos útiles, ropa, calzado o similar. No es lo que prefieren los niños pero es lo que más ilusiona a sus mamás que, al fin y al cabo, son las que mejor los conocen. Estaba en un establecimiento pagando mi compra cuando observé a la dependienta muy alterada pasando las prendas por el escáner. A dos metros de mí, un par de jóvenes árabes estaban quejándose porque no le descambiaban el género (dos enormes bolsas de ropa…

Mi personal JMJ, un encuentro universal.

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Escribió Julio M. de la Rosa, en el prólogo de mi libro La Primera Piedra, primero y único publicado hasta la fecha, que el escritor es un “letraherido” afanosamente inclinado sobre los folios, mientras las horas y la vida pasan por delante de su ventana.
Durante éste último mes de cuasi silencio literario, en muchas ocasiones, he tenido la sensación de haber saltado la ventana, de haberme sumergido directamente en las piscina de la vida, de haber nadado entre nubes de realidades fantásticas.
Como todas las cosas importantes, mi encuentro personal con la JMJ fue más casual que premeditado. Cuando ya me disponía a ser la espectadora de sofá de la visita del Papa, recibí la llamada (no la del Altísimo, pero casi) reclamando un rincón de mi casa para el peregrino: Hasta trescientos jóvenes mejicanos (nunca sabré si se escribe o nó con equis) que llegaban a tres pueblos de mi ciudad durante seis días, de camino al encuentro de Madrid.
Cómo imaginar que al recibir a un par de ellos en el sofá…