Agitado día de compras o Los delitos de un viernes.



No me gusta ir de compras, me agobian las multitudes. Generalmente suelo comprarlo todo de una vez para no tener que volver a visitar un supermercado en quince días. Tampoco me hace gracia comprar ropa. Me suelo estudiar los catálogos y voy a tiro hecho por la prenda que necesito, no digo la que me gusta porque generalmente no coinciden, ni en precio ni en posibilidades de pertenecerme. Soy parada de España, no se olvide.


Ropa ibicenca que no viene en mi catálogo

El caso es que hoy no tuve más remedio que acercarme a un centro comercial para comprar algunos regalos. Como es mi costumbre me decanto por regalos útiles, ropa, calzado o similar. No es lo que prefieren los niños pero es lo que más ilusiona a sus mamás que, al fin y al cabo, son las que mejor los conocen.
Estaba en un establecimiento pagando mi compra cuando observé a la dependienta muy alterada pasando las prendas por el escáner. A dos metros de mí, un par de jóvenes árabes estaban quejándose porque no le descambiaban el género (dos enormes bolsas de ropa que subían y bajaban del mostrador).  Le reclamaban a la chica que me cobraba y ella entre apunte y apunte les indicaba que se dirigieran a su responsable. Ellos insistían y el encargado daba vueltas y les pedía que abandonaran el local.
Me dio la cuenta y observé que había equivocado una talla. Le pagué a la chica y la señora que me seguía comenzó  a comentar que tenía que descambiar no sé qué y que ya no sabía cómo acertar con su hija. Luego me señaló con la cabeza a dos chicas de unos veintitantos qué firmaban con el seguridad algo en las cajas. “Yo creo que es algo, con un bolso de doble forro lleno por más de cincuenta euros. Lo querrán para salir esta noche, porque yo no me lo explico.”

Antes las cosas se hacían de otra manera
Me vuelvo hacia los otros y ya estaban con dos policías nacionales al lado. “Es que el establecimiento no se lo quiere descambiar, lo entiende o no lo entiende.” Los chicos se refugian en el idioma para medio contestar y protestan por el cambio. Se explican o se intentan justificar. Entre las voces entiendo que le dicen que la ropa que llevan la han intentado robar y que al pillarlos, la han pagado. Por eso no se lo quieren descambiar.


Robos, hurtos y urta a la roteña


Ellos piden pruebas  y le dicen que si no están conformes pongan una hoja de reclamaciones. Se siguen quejando, dicen que los que roban son los del establecimiento, se caldea el ambiente oigo frases como: “En España así, o pones la reclamación o sales de aquí”. “Ahora te callas, porque estoy hablando yo.” “Pones la reclamación o te vas, o te saco yo” y demás linduras, supongo que propias que no apropiadas, aunque ignoro el procedimiento.
Hago el cambio de talla y vuelvo a la caja. Los árabes le muestran la ropa una y otra vez a los policías dando explicaciones medio en español medio en francés (en español tutean a los policías, en francés los llaman de vous y de Monsieur).
 Las chicas de los cincuenta euros en ropa en el fondo del bolso, doblan sus denuncias y observan en silencio a los policías. Supongo que lo de ellas lo resolvieron con los de seguridad del establecimiento.


Mira para que no te miren.

La cajera se mueve nerviosa, me da el ticket y le doy las gracias. Intento tranquilizarla con un comentario: “ Vaya el día de hoy ¿No?” Ella revienta: “Sí y la mujer que estaba antes aquí y que hablaba tanto de estos, ha hecho exactamente lo mismo. La he cogido robando, lo ha pagado y ahora viene a descambiarlo.”
Entonces la que revienta soy yo: “Bueno, y ¿por qué no se le ha formado lo mismo que a estos y a ella sí se le ha descambiado el jersey? ¿Porque era sólo un jersey o porque era española?
La chica me mira entre sorprendida y resignada. Ya no va a hablar más (omito por ella el nombre del establecimiento). Recojo mi ticket y me voy echando una última mirada a los policías, que sé que me han escuchado.
No acabo de llegar al coche cuando veo a cuatro chicas de otro establecimiento de ropa detrás de un joven, con camiseta de futbol azul y blanca, que lleva tres o cuatro bolsas en la mano. Gritan llamando a seguridad y lo siguen sin atreverse a agarrarlo. Está casi a mi altura cuando un hombre lo para y lo agarra, es un cliente más que andaba por allí. Lo retiene y llega la seguridad del centro.
El de la camiseta de Messi  le dice al hombre que lo va a denunciar por agresión. Al llegar hasta ellos los de seguridad lo agarran y le dicen al captor que mejor que se vaya porque sí que lo puede denunciar y encima se va a llevar él la peor parte.


Preguntas que no tienen respuestas.


Me subo al coche y pongo la música y el aire acondicionado. No entiendo nada. Soy incapaz de posicionarme en ninguno de los cuatro delitos que he presenciado, aunque ahora dudo si serán más de cuatro. Lo único que me queda claro es que la ley tiene muchos agujeros, que hay más delincuencia y más inseguridad cada día en mi ciudad, que la necesidad ha perdido el miedo y la vergüenza y, sobretodo, que no todos somos iguales ante la ley.

Comentarios

Entradas populares de este blog

YA NUNCA MÁS

Qué significa el color que elijo para mi casa.

PERSIGUIENDO HORMIGAS: OTRO INVIERNO LLUVIOSO.