Mi personal JMJ, un encuentro universal.



Escribió Julio M. de la Rosa, en el prólogo de mi libro La Primera Piedra, primero y único publicado hasta la fecha, que el escritor es un “letraherido” afanosamente inclinado sobre los folios, mientras las horas y la vida pasan por delante de su ventana.

Durante éste último mes de cuasi silencio literario, en muchas ocasiones, he tenido la sensación de haber saltado la ventana, de haberme sumergido directamente en las piscina de la vida, de haber nadado entre nubes de realidades fantásticas.

Como todas las cosas importantes, mi encuentro personal con la JMJ fue más casual que premeditado. Cuando ya me disponía a ser la espectadora de sofá de la visita del Papa, recibí la llamada (no la del Altísimo, pero casi) reclamando un rincón de mi casa para el peregrino: Hasta trescientos jóvenes mejicanos (nunca sabré si se escribe o nó con equis) que llegaban a tres pueblos de mi ciudad durante seis días, de camino al encuentro de Madrid.
Acogida de Jóvenes Mejicanos en Camas, Sevilla

Cómo imaginar que al recibir a un par de ellos en el sofá-cama del cuarto de juegos, iba a recibir tanto, que pudiera comprobar en mi propia casa lo que la gente conoce como una bendición.

No son chicos incultos ni niños acomodados económicamente hablando, todos tienen carrera y trabajan duramente en sus países de origen. Tampoco traen el “coco comido” por la religión, poseen un sentido de Dios en sus vidas tan natural  como el sentido de familia o el de trabajo, comparándolo con una de las tres anclas que debe tener un barco para mantenerse firme en el mar, para mantenerse firme en la vida.

No llegaron cerrados a una forma de creer única y especial. Su conversación estaba siempre dispuesta al intercambio de ideas, a la opinión libre, al aprendizaje del otro. Poseían y poseen una verdad tan palpable que no hace falta defender, sólo observarla y dejarse sorprender por una presencia real que los acompaña y los precede: La presencia de Dios.

La Cruz de los Jóvenes


Cómo presencié las ocasiones en las que intentaron acorralarlos con las preguntas típicas y tópicas como las de los tesoros del Vaticano y el hambre del mundo (tan viejas como la película de Las sandalias del pescador, aunque alguno crea que la acaba de inventar), la supuesta “enfermedad” de los homosexuales, o los abusos sexuales de los curas a los niños.


Cómo los vi responder con humildad y sencillez, con una paciencia que sólo da la paz de espíritu, con una dulzura que sólo puede poseer el que conoce de verdad el amor de Dios. No eran las respuestas lo que me maravillaba, sino esa capacidad de ponerse en el lugar del otro y de reconocer su sufrimiento lo que observaba embobada y sin dar crédito a mis sentidos.

Encuentro JMJ con Benedicto XVI

He de admitir que me avergoncé en numerosas ocasiones de la cuadrícula mental de mis conciudadanos, que temí mucho por ellos y por el daño que la maldad humana y la intransigencia, laica o religiosa, pudiera hacerle a corazones tan libres y tan faltos de dobleces.

Me sorprendieron con una capacidad innata de responder al mal con bien, con una seguridad de creencias espontánea, intrínseca, sin frases aprendidas ni planas calcadas de anteriores oradores. No era facilidad de palabra era fluir de sentimientos sin cotas ni prejuicios, sin ambigüedades ni separatismos. Era lo que yo imaginaba que tenía que ser la Fe.

El Señor es uno

No sólo llenaron mi mesa de bendiciones en cada desayuno, llenaron mi casa de bendiciones. Tuvieron palabras escritas a fuego sobre el corazón de mi hija adolescente, consejos de amigo, de los que se graban sin imponerse, de los que se quieren seguir porque te los dan con cariño.
El lenguaje de los jóvenes

Tuvieron tiempo para cada miembro de mi familia y supieron llegarnos a lo más profundo del alma, dejando una huella que sabemos que no la va a borrar la distancia ni el paso de los años.

Luego siguieron su camino y otros peregrinos llegaron a mi casa. Me sorprendí entregando parte de lo que había recibido y queriendo hacer que se sintieran como yo me había sentido en la anterior acogida.

Comprendí que de eso se trataba, de hacer llegar a todo el mundo el amor incondicional de Dios, de formar una cadena que pudiera traspasar cualquier barrera de rechazo o desencanto, que pudiera abrir una brecha de luz en la oscuridad que produce la falta de amor, la falta de comprensión, la falta de aceptación de la diferencia con el otro.

 Entonces y sólo entonces sentí el pleno convencimiento de que había sido partícipe de una gran verdad universal, que había participado activamente en transmitir el espíritu de la JMJ, que había vivido la experiencia de que Jesucristo pasara por mi casa.

Comentarios

  1. Chabela que bellamente has descrito el paso de los peregrinos por tu hogar, gracias por compartirlo,
    Maggie

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  2. Hola Chabez soy la otra Ceci,Gracias por compartir tus experiencias.

    No te quepa la menor duda que cuando das recibes.El Universo o Dios (el termino varia segun cada cual) devuelve lo que se da de corazón y sin esperar nada a cambio.
    Abrazos

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  3. Isabel (hermana 3ª Cdad.)26 de agosto de 2011, 4:51

    Isa, has descrito perfectamente tambien mis propios sentimientos y sensaciones. También yo he tenido ese privilegio de la acogida y "que bién sienta en el espíritu". Tiene que ser eso, que verdaderamente a través de las niñas que tuve en mi casa el "Señor llamó, se sentó y comió en mi mesa"

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  4. Hola Hermana Querida....
    JMJ CAMAS 2011
    No queria dejar pasar en alto una vivencia como esta... Dios es la eterna juventud incluso en la vejez, tiene ante sí un futuro sin fin . El mensaje para estas jornadas invita a la juventud a intensificar su camino de fé en Dios. "Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Es vital tener raíces y bases sólidas".

    el Papa mostraba también su preocupación por el futuro de los jóvenes.

    En general, los jóvenes se muestran optimistas y tienen fé en un futuro mejor. Apoyados en Dios o en la familia y amigos, consideran que con esfuerzo se conseguirá salir adelante......

    “Si crees, saldrás adelante”, para mi es el primer encuentro ,la experiencia mas bonita que he vivido ,los mexicanos gente agradable ,cariñosa , sencilla ,humilde , capaces de adaptasen a lo que se les

    ofrecia ,despues de tantos años me sentia en familia , o sera por que tienen muchas cosas de

    mi pais ,en mi dejarón huellas imborrables ,el caminar todos hacia un mimo ideal , en verdad

    somos todos hermanos en cristo ,a los que tuvierón la oportunidad de compartir algo con

    nosotros deciros que el poco tiempo compartido me llenarón de vida y alegria,me quedo triste por su

    partida ,pero al mismo tiempo contenta ,porq se que si abren su corazón tendrán un encuentro con

    el Señor ,conocen gente de otras partes ,que sin pensarlo llegan a formar parte nuestra vida ,a mis niñas con quien comparti ,las estaré esperando siempre ..........no asisti a todo ,por motivos de trabajo pero bueno, las cosas de Dios son asi..... solo puedo ,

    dar gracias a Dios por pemitirme haberlos conocido................

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  5. Muchas gracias por abrir las puertas de sus casas y recibirnos con esa confianza de alquien que lleva amor en sus vidas.

    A nosotros nos recibió la señora Carmen, y convivimos y pasamos un momento inolvidable con los hermanos que también estaban recibiendo un apoyo, una acogida... Ahhh cómo nos divertimos jugando lotería :O)

    Hay mucho que decir, pero cada uno sabemos lo que pasó en esos días de la JMJ.

    Espero nos volvamos a encontar en el camino, y no olviden que en Monterrey, NL, México, tienen una cama, un hogar donde serán recibidos para seguir compartiendo algo más...

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