Te saludo, mi invitado.

Bienvenido al lugar. Pasa sin llamar. No hay grandes descubrimientos, en lo sencillo está casi siempre la sabiduría, aunque no es éste el caso.


Siéntate donde puedas y mira pasar la vida desde una ventana del sur. Todo parece diferente cuando se lee a media voz, ante una copa de vino. Aunque puedes gritar si quieres, la libertad es un don preciado y un signo de salud.

Permítete brindar por ella: ¡ por tu salud!

jueves, 22 de septiembre de 2011

PROHIBIDO HABLAR DE "LA COSA".

No se trata del superhéroe de ficción. Cuando en Andalucía se habla de la cosa nos referimos a la situación en general, bien sea económica, de trabajo o simplemente de la propia vida.



En un bar de Sevilla, hartos quizás de la triste y pesimista conversación de sus clientes, alguien colgó un cartel que decía textualmente: Prohibido hablar de la cosa, curiosamente encima de aquel tan típico de: Se prohíbe el cante.

Y es que ya no sólo nos está cambiando el humor sino hasta las costumbres. Porque qué padre de familia, de los que antaño se detenían en la tasca de turno al volver del trabajo, puede tener ganas de echarse unos fandangos, cuando ni vuelve ni va a trabajo alguno.



Casi ni se ven en los bares a esos grupos de hombres con ropa de faena, con las camisetas salpicadas de pintura o las botas de puntera de hierro. Ahora se ven más en las puertas de los colegios, haciendo de amos de casa, mientras sus mujeres llenan los autobuses de primera hora de la mañana, para ir a limpiar a alguna casa, sin contrato y sin seguro.

Es la economía sumergida de un país que se sumerge y no levanta cabeza.

Hemos pasado de ser una cuasi potencia a asistir impotentes a clase de europeísmo sentados en las últimas bancas de la clase, junto a Grecia e Italia, los países del Mediterráneo con los que siempre tuvimos una afinidad especial.
Curiosamente, la Señorita Rottermeller y el profesor Gabacho mantienen controlada a la clase manteniendo el silencio y la obediencia, para sacar un simple aprobado por los pelos.



Afortunados seremos si logramos en los próximos años poder salir al recreo y dejar de ser el recreo de los que se jubilan y emigran de sus países de origen por miedo a la ejecución de la muerte digna por parte de sus herederos.

Aún no sabemos cuál será la gran hazaña que nos saque de la angustia y la inseguridad de no saber con qué pagar las letras de banco. ¿Qué sabemos hacer, qué producimos que los demás países necesiten?

Quizás la energía renovable sería una buena opción, pero para ello habría que demostrar que es más rentable que la atómica y más barata que el petróleo, y no sólo que es más sana, menos peligrosa y más ecológica.
No, no va a interesar, y menos cuando están tan a mano ahora los grandes yacimientos de las naciones necesitadas de justicia y democracia. No está por ahí nuestro futuro. Debe haber otra cosa que sepamos hacer y que el resto necesite.


Cualquier cosa fabricable ya lo hacen los chinos y nosotros se lo compramos, cualquier cosa agrícola producible lo puede producir más barato Marruecos.
 Sí, nos queda el turismo, siempre que otros países no estén en condiciones de ofertar mejor y más barato, pero no sólo del turista vive el hombre.



Hay que inventar y patentar algo urgentemente. Debemos estudiar a fondo las necesidades mundiales y ofertar la solución indiscutible. Aunque lo de estudiar en nuestro país cada vez está más difícil y lo de dar clases no digamos. Si nos cobran los estudios, nos reducen los profesores y les quitan las pocas ganas de estudiar a nuestros hijos, mala está la cosa, porque ahora no los podemos amenazar con colocarlos en los albañiles.




Bueno, acabé cayendo en lo prohibido: Al final yo también terminé hablando de "la cosa".

viernes, 2 de septiembre de 2011

Rarezas propias: Celebrando aniversario

Es casi anecdótico cumplir años de casados en los tiempos en los que vivimos. Cuando comento que me casé tres veces, una por dislexia juvenil y dos con el mismo hombre, hay quien me quiere comparar con mi homónima o tocaya Elizabeth Taylor, aunque lo cierto es que no tenemos nada que ver, excepto esos ojos expresivos de belleza inigualable.

A parte de la coña gratuita, la verdad es que cada vez se ven menos celebraciones de aniversario y son más las fiestas provocadas por divorcios o  heroicas decisiones de vivir juntos, con la sensación de haber traspasado la barrera del sonido y haber tocado la gloria con los dedos.
Me divierte tanto la cara de algunos amigos cuando se sorprenden de vernos programar una escapada por nuestro aniversario, reservar un hotel o comprar una botella de champán. Para algunos que no llevan ni la mitad de tiempo casados es una cursilada fuera de lugar, para otros es una tontería que no va a cambiar ninguno de los problemas que tenemos o que podemos llegar a tener.

Todos tienen razón. Es una cursilada maravillosa que tu pareja programe algo para hacerte feliz el día de vuestro aniversario, es una horterada reservar hotel para escaparse de todo y de todos y vivir por unas horas como solos en el mundo, una tontería que no lleva a ningún lado más que a la confirmación de que no te has equivocado y que la persona que Dios te regaló es la mejor que podía haber elegido para ti.

Oh claro que no va a resolver ninguno de los problemas que tenemos o que nos esperan. Al día siguiente el banco volverá a estar en rojo y no sabremos si el trabajo seguirá durando un mes más. Nada nos va a librar de estar en la cuerda floja como todos los españoles, ni de acordarnos de los cincuenta euros del hotel al fin de mes. La botella de champán equivaldrán a, por lo menos, cuatro litros de leche que ya echaremos de menos cuando volvamos al supermercado. Pero nadie puede negarme que merece la pena, que afianzar la alegría de habernos unido no tiene un valor incalculable.
Pueden pasar carros y carretas, pero todo los podremos en Cristo que nos fortalece y que bendice esto que tan raro parece a todos en la sociedad de hoy y que se conoce como matrimonio.