PROHIBIDO HABLAR DE "LA COSA".

No se trata del superhéroe de ficción. Cuando en Andalucía se habla de la cosa nos referimos a la situación en general, bien sea económica, de trabajo o simplemente de la propia vida.



En un bar de Sevilla, hartos quizás de la triste y pesimista conversación de sus clientes, alguien colgó un cartel que decía textualmente: Prohibido hablar de la cosa, curiosamente encima de aquel tan típico de: Se prohíbe el cante.

Y es que ya no sólo nos está cambiando el humor sino hasta las costumbres. Porque qué padre de familia, de los que antaño se detenían en la tasca de turno al volver del trabajo, puede tener ganas de echarse unos fandangos, cuando ni vuelve ni va a trabajo alguno.



Casi ni se ven en los bares a esos grupos de hombres con ropa de faena, con las camisetas salpicadas de pintura o las botas de puntera de hierro. Ahora se ven más en las puertas de los colegios, haciendo de amos de casa, mientras sus mujeres llenan los autobuses de primera hora de la mañana, para ir a limpiar a alguna casa, sin contrato y sin seguro.

Es la economía sumergida de un país que se sumerge y no levanta cabeza.

Hemos pasado de ser una cuasi potencia a asistir impotentes a clase de europeísmo sentados en las últimas bancas de la clase, junto a Grecia e Italia, los países del Mediterráneo con los que siempre tuvimos una afinidad especial.
Curiosamente, la Señorita Rottermeller y el profesor Gabacho mantienen controlada a la clase manteniendo el silencio y la obediencia, para sacar un simple aprobado por los pelos.



Afortunados seremos si logramos en los próximos años poder salir al recreo y dejar de ser el recreo de los que se jubilan y emigran de sus países de origen por miedo a la ejecución de la muerte digna por parte de sus herederos.

Aún no sabemos cuál será la gran hazaña que nos saque de la angustia y la inseguridad de no saber con qué pagar las letras de banco. ¿Qué sabemos hacer, qué producimos que los demás países necesiten?

Quizás la energía renovable sería una buena opción, pero para ello habría que demostrar que es más rentable que la atómica y más barata que el petróleo, y no sólo que es más sana, menos peligrosa y más ecológica.
No, no va a interesar, y menos cuando están tan a mano ahora los grandes yacimientos de las naciones necesitadas de justicia y democracia. No está por ahí nuestro futuro. Debe haber otra cosa que sepamos hacer y que el resto necesite.


Cualquier cosa fabricable ya lo hacen los chinos y nosotros se lo compramos, cualquier cosa agrícola producible lo puede producir más barato Marruecos.
 Sí, nos queda el turismo, siempre que otros países no estén en condiciones de ofertar mejor y más barato, pero no sólo del turista vive el hombre.



Hay que inventar y patentar algo urgentemente. Debemos estudiar a fondo las necesidades mundiales y ofertar la solución indiscutible. Aunque lo de estudiar en nuestro país cada vez está más difícil y lo de dar clases no digamos. Si nos cobran los estudios, nos reducen los profesores y les quitan las pocas ganas de estudiar a nuestros hijos, mala está la cosa, porque ahora no los podemos amenazar con colocarlos en los albañiles.




Bueno, acabé cayendo en lo prohibido: Al final yo también terminé hablando de "la cosa".

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