Rarezas propias: Celebrando aniversario

Es casi anecdótico cumplir años de casados en los tiempos en los que vivimos. Cuando comento que me casé tres veces, una por dislexia juvenil y dos con el mismo hombre, hay quien me quiere comparar con mi homónima o tocaya Elizabeth Taylor, aunque lo cierto es que no tenemos nada que ver, excepto esos ojos expresivos de belleza inigualable.

A parte de la coña gratuita, la verdad es que cada vez se ven menos celebraciones de aniversario y son más las fiestas provocadas por divorcios o  heroicas decisiones de vivir juntos, con la sensación de haber traspasado la barrera del sonido y haber tocado la gloria con los dedos.
Me divierte tanto la cara de algunos amigos cuando se sorprenden de vernos programar una escapada por nuestro aniversario, reservar un hotel o comprar una botella de champán. Para algunos que no llevan ni la mitad de tiempo casados es una cursilada fuera de lugar, para otros es una tontería que no va a cambiar ninguno de los problemas que tenemos o que podemos llegar a tener.

Todos tienen razón. Es una cursilada maravillosa que tu pareja programe algo para hacerte feliz el día de vuestro aniversario, es una horterada reservar hotel para escaparse de todo y de todos y vivir por unas horas como solos en el mundo, una tontería que no lleva a ningún lado más que a la confirmación de que no te has equivocado y que la persona que Dios te regaló es la mejor que podía haber elegido para ti.

Oh claro que no va a resolver ninguno de los problemas que tenemos o que nos esperan. Al día siguiente el banco volverá a estar en rojo y no sabremos si el trabajo seguirá durando un mes más. Nada nos va a librar de estar en la cuerda floja como todos los españoles, ni de acordarnos de los cincuenta euros del hotel al fin de mes. La botella de champán equivaldrán a, por lo menos, cuatro litros de leche que ya echaremos de menos cuando volvamos al supermercado. Pero nadie puede negarme que merece la pena, que afianzar la alegría de habernos unido no tiene un valor incalculable.
Pueden pasar carros y carretas, pero todo los podremos en Cristo que nos fortalece y que bendice esto que tan raro parece a todos en la sociedad de hoy y que se conoce como matrimonio.

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