Te saludo, mi invitado.

Bienvenido al lugar. Pasa sin llamar. No hay grandes descubrimientos, en lo sencillo está casi siempre la sabiduría, aunque no es éste el caso.


Siéntate donde puedas y mira pasar la vida desde una ventana del sur. Todo parece diferente cuando se lee a media voz, ante una copa de vino. Aunque puedes gritar si quieres, la libertad es un don preciado y un signo de salud.

Permítete brindar por ella: ¡ por tu salud!

viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Estudias o protestas?

Me pregunto si no estaremos creando una generación de ofendidos. ¿Hemos pasado de tener una juventud de ninis (ni estudio, ni trabajo) a tener la juventud de la protesta? Me topo constantemente con jóvenes que tienen claro que las cosas se consiguen echándose a la calle a protestar. Y es loable, ya que los que nos representan no nos representan y a los que delegamos la acción protesta hace mucho que no aparecen ni cuando se les llama. Ahí no es donde reside el problema.


Tiene su lógica que al agotar la vías legales, que no tienen nada que ver con las morales, acudamos a lo que tengamos más a mano (llámese cacerola o pancarta). Es lógico además que cuando se comprueba que se ayuda antes a un banco que a una familia, la sociedad reviente por el lado más fragil, el de los que ya no tienen nada que perder.
Tiene su parte de razón todo el que piensa que da igual a quien votemos, porque haremos lo que diga Europa, o las grandes multinacionales, o los patrocinadores de la campaña del que gane.
La confianza hace mucho que se perdió y ya sólo nos queda esperar que los padrinos cambien de color a ver si ahora nos toca que nos coloquen al niño.


Todo es comprensible, todo es lo que esta clase política se ha buscado con su constante forma de decepcionar al que ha creído en ella. No tiene arreglo, no nos fiamos.

Pero lo peor no es eso, somos adultos y hemos pasado de ser la juventud que tenía que estudiar a como diera lugar, porque antes sólo estudiaban los hijos de los ricos y ellos eran los que manejaban España, a ser los jóvenes de la formación profesional, la de la mano de obra que es la que siempre tiene trabajo.

Ahora nuestros hijos descubren que ni nos sirven los estudios para garantizarnos el empleo, ni los oficios son la barita mágica que lleva el sueldo a casa aunque las cosas vayan mal. No les sirve nuestra experiencia, porque no nos sirve a nosotros y ellos lo saben.

¿Cómo se enfrenta el problema del estudio en jóvenes que constantemente reciben el mensaje de que el dinero fácil se gana descuartizando la vida privada en un reality, o aireando algún siniestro conocimiento que se tenga de un famoso?


¿Cómo se le explica al adolescente que debe creer en la justicia, en los representantes políticos, en la organización de la sociedad, si cada noticia que le llega es de prevalicación, blanqueo, malversación o aprovechamiento del cargo en su propio beneficio o el de sus allegados?

¿Qué queda para conseguir una sociedad justa? ¿Echarse a la calle a protestar?

Pertenezco a una juventud que quería hacer cosas, que soñaba con cambiar las cosas. Una juventud con ideales, con ganas de cambiar el mundo, con esperanzas. Nacimos cuando pisamos la luna, cuando se consiguió el voto negro, cuando se hizo revolución con claveles y hubo un Mayo universal. Creíamos que era posible todo y la mayoría aún lo creemos.


Hoy asistimos horrorizados al nacimiento de una juventud sin esperanzas, con pocos valores y sin sueños, aferrados al dios del dinero y desesperados porque no hay forma de alcazar ese ideal. Y no podemos dejar de preguntarnos hasta dónde somos responsables de esa herencia, qué podríamos haber hecho para verdaderamente cambiar las cosas.