El Portal de Belén de mamá. Versión subtitulada.


Cada año dice que es el último que lo monta. Es tanto el trabajo y tanta la imaginación necesaria, que me hace pensar que, de haber tenido la oportunidad de estudiar, mi madre habría sido una arquitecto de prestigio. Me río yo de los edificios de cristalito tan de moda últimamente, ante la magnitud y creatividad del Portal de mi madre.

Vale, no soy imparcial ni ecuánime, seguro que hay por ahí belenes detallistas, minuciosos y miniaturistas que son dignos de premios y menciones, pero éste Portal tiene tantas historias en su haber, que supera en vivencias a todos los perfectos pueblitos que se montan en Navidad.

Este Portal ha visto crecer a mis hijas, ha sufrido daños irreparables de sus manitas y de la manitas de mis sobrinos, ha ido creciendo como ellos con figuras dispares que todos hemos pintado, agregado o simplemente colocado allí porque sí, porque nos gustaba el color o podíamos imaginar tranquilamente que ése personaje, cosa o animal, podría haber estado allí en aquel momento.

Tiene unos preciosos lagartos saharauis que nuestra Fatu, una niña que pasó con nosotros varios veranos proveniente del proyecto "Vacaciones en Paz",  nos regaló como un presente de incalculable valor para su pueblo.
Pueden medir como unos 25cm de largo y poseen un colorido tropical lleno de azules y amarillos, que suavizan sus rasgos de animal carnívoro y depredador. Es posible que no peguen mucho en un Belén tradicional, pero nadie puede negarme que hay más posibilidades de que ellos estuvieran en Israel en el año 33 aC, a que hubiera nieve o una castañera amenizando el nacimiento ese día.


Tiene figuras de todo material: barro, porcelana, marmolina, arcilla y hasta plástico, que son las que menos veces hay que pegar. Hay verdaderas mini-esculturas, hechas por profesionales, aunque también hay experimentos participantes de trabajos del colegio, de cuando aún en los colegios era Navidad y no "solsticio de invierno", cuando aún en el alumbrado del primer kilómetro de cada pueblo se leía "Feliz Navidad" en vez de "Felices fiestas" cosa que, aunque suponga un ahorro ya que estos pueden utilizarse en feria, carnavales y hasta en corridas de toros, por aquello de la fiesta nacional, suena como muy-demasiado laico.
Tiene en definitiva un sinfín de figurillas de diferentes modos, maneras y tamaños que acicalan diferentes ambientes de distinta altura y forman escenas sencillas, posibles o imposibles, que mi madre no tiene ningún impedimento en explicar.



Mientras monta el Belén, va inventando y recreando la historia de lo que allí ese día pudo ocurrir, seguramente ocurriría, y cambia los personajes dependiendo de la disposición anímica que experimente en el transcurso del montaje. Con lo cual, no sólo ningún año es igual, sino que puede ser diferente durante todos y cada uno de los siete o diez días que necesita para formarlo.




Es más, el portal de mi madre puede cambiar a lo largo de todas las fiestas navideñas añadiendo personajes, casitas, ramas, trigo, naranjas, madroños, tiras de espumillón y hasta lagartijas o tiburones de pástico, si unode sus nietos decide que éso debería estar en el Belén.                                                                             
Es tan imaginativo que puedes pasarte horas mirando y no sólo no te cansas sino que descubres mil y un detalles con que sorprenderte. Luego ya si preguntas, te puedes encontrar con las historias bíblicas más argumentadas del globo y serás testigo de tu propia conversión vía "no te quepa duda".

Definitivamente no existe Portal como el de mi madre, aunque esté feo que yo lo diga. En mi familia siempre hemos gozado de una buena dosis de imaginación por persona, unos más que otros dicho sea de paso, pero esa creatividad con la que cada año nos sorprende Doña Maxi, es propia e intrínseca y dudo mucho que niguno de los cinco la hayamos heredado por completo. Ni eso, ni la voluntad de ocupar, también por completo, el salón de nuestra casa con ese enorme Espíritu Navideño.

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