Te saludo, mi invitado.

Bienvenido al lugar. Pasa sin llamar. No hay grandes descubrimientos, en lo sencillo está casi siempre la sabiduría, aunque no es éste el caso.


Siéntate donde puedas y mira pasar la vida desde una ventana del sur. Todo parece diferente cuando se lee a media voz, ante una copa de vino. Aunque puedes gritar si quieres, la libertad es un don preciado y un signo de salud.

Permítete brindar por ella: ¡ por tu salud!

martes, 11 de diciembre de 2012

Canelita o el paso de azúcar amarga.



Capítulo 1: Lunes, menú de la casa.

Sobre el mostrador, resistiendo erguida al vaivén diario, la pizarra anunciaba el especial del día. Lunes: Estofado de carne con tomate, ensaladilla rusa y flan casero.
Canelita aparcó su vieja motocicleta de segunda mano en la parte trasera de la venta. El sol hacía casi una hora que se mantenía colgado encima de los pinares, caldeando a los primeros coches que, enfilados, resistían impasibles el calor del mediodía. Dentro, al fresco del salón, sus agotados dueños intentaban reponerse de las largas horas de conducción.




Volvía a llegar tarde. Seguramente ése sería el momento en el que María Antonia miraba por cuarta vez el reloj, jurando que no permanecería un minuto más a su servicio.
Tímidamente abrió la puerta trasera del local y entró cabizbaja.
-¿Sabes qué hora es? – Oyó al instante sobre su cabeza- Ya hemos empezado a servir almuerzos y no hay postre para ningún cliente. No te quedes ahí parada. Baja al gallinero y trae los huevos. Hay que hacer flan.
-Ayer, antes de salir, preparé una crema de nueces por si me retrasaba –murmuró.
- Entonces es que ya sabías que no llegarías a tu hora, ¿no? No sé qué voy a hacer contigo. Anda –suavizó-, trae acá esa crema antes de que cualquiera de los de ahí fuera asalte la cocina. Y de todas formas baja a por los huevos.




Canelita obedeció en silencio. Había aprendido a callar casi a la misma vez que aprendió a hablar y aún no podía distinguir cuál de las dos actividades le resultaba más provechosa.
Se lavó las manos restregando con jabón verde y estropajo hasta hacerlas enrojecer. La higiene es la norma fundamental de la cocina y ella procuraba cumplirla a rajatabla: Primero jabón, luego estropajo, agua abundante y papel de secar. Siempre en ése orden, sin saltarse un paso.
Acto seguido se encaminó hacia la nevera, un arcón enorme en el que casi se introdujo para acceder a su lugar secreto, y sacó de allí la bandeja que había anunciado a María Antonia.
El famoso lugar secreto no era otra cosa que el hueco que dejaba una pata de jamón mechado al apoyarse sobre un bloque de hielo de la edad de Doña Pilar. Tenía que hacer uso de él porque el hambrón de Bienvenido solía atacar, con nocturnidad y alevosía,  a todo lo que oliera a dulce en la cocina, bajo el pretexto de unas  supuestas y no comprobables bajadas de tensión. Esa y no otra era la razón por la que había ocultado a María Antonia la existencia de la crema de nueces hasta ese mismo momento, aunque desde el día anterior conociera lo de su retraso.



Sabía que hoy llegaría tarde, como sabía que lo haría los próximos días siguientes. Era inevitable. Llevaba dos noches enteras trabajando en la tarta nupcial de su hermana y aún le quedaban dos más, si quería que todos los pastelillos faltantes estuvieran listos para el gran día.
 No quedaba más remedio que ir apañándose con María Antonia e ir aguantando el chaparrón esos dos días, si no quería fallarle a Sara. Que supiera que estaba cometiendo el gran error de su vida no era razón para no cumplir la promesa que le hizo: Tendría el mejor surtido de dulces en su boda. Lo había prometido y lo cumpliría.
Le había podido el sentimentalismo, como siempre, y eso que no se hablaban desde hacía más de dos años. Viviendo en la misma casa y sin hablarse. Turnándose para cuidar a los padres, para hacerles la comida, para asearlos, para medicarlos, para atenderlos en todo y sin hablarse. Viéndose a diario durante dos largos años y sin dirigirse la palabra.
Era demasiado tiempo entre silencios. Por eso cuando llamó a la puerta de su habitación, llorando como Magdalena, con el universo hecho cisco porque se había quedado embarazada, no le quedó otra que rendirse ante lo evidente: Siempre la podría el sentimentalismo.

Puso la bandeja sobre el mármol y comenzó a sacar los moldes de barro, mientras su pensamiento analizaba los pros y los contras de aquella súbita reconciliación. Eran pequeños esos moldes para su gusto. Aunque María Antonia siempre dijera que era preferible que el cliente repitiera antes de que dejara algo en el plato, Canelita sospechaba que aquello era simple tacañería disfrazada de exquisitez. Obviamente se guardaba mucho de exteriorizar su opinión, conocedora como era del mal humor de su jefa.


... Sigue leyendo la primera entrega de mi novela en la revista Spes Única (a la derecha tienes el enlace) y cuéntame tus impresiones.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Perder peso, la ilusión de la Navidad.



Se acerca la Navidad y sabemos que será una época de excesos. Aunque los propósitos sean buenos, la lógica y la experiencia nos avisan de que caeremos en las múltiples tentaciones que se nos pondrán por delante en forma de relaciones sociales, familiares y laborales.

Conviene hacer acopio de fuerza de voluntad y preparar el cuerpo para los inevitables ataques que tanto de dulce como de opíparas comidas maltrataremos a nuestro cuerpo. Venimos de un verano relajado y pleno de bebidas refrescantes y tapeo playero, y disponemos sólo de un tiempo limitado para depurar el organismo, antes de que nos atrape la vorágine de la celebración.



Si decidimos seriamente tomar un camino saludable y enfrentarnos a los kilos que no sobran, es necesario saber varias cosas, comunes en todas las dietas que funcionan:

La sensación de hambre es la forma que el cuerpo tiene para comunicar que le faltan nutrientes para su buen funcionamiento. Al elegir una dieta para perder peso, es necesario saber qué alimentos hay que suprimir para adelgazar, cuáles son los que sacian más y con qué remedios farmacéuticos o naturales se puede contar como ayuda para no pasar hambre.


En todas las dietas para adelgazar sano lo primero que se eliminan son los alimentos llamados vacíos de nutrientes, que son los que se componen de grandes cantidades de grasa saturada y azúcares.

Son alimentos apetecibles siempre por la facilidad con la que se encuentran en el mercado, pero que aportan una gran cantidad de calorías con muy poco consumo. Se trata de la bollería, los platos precocinados, la comida rápida, los refrescos y los chocolates.


Estos productos no eliminan el hambre, no tienen lo que el cuerpo reclama y por lo tanto no sacian. Se termina por volver a comer a los pocos minutos porque el organismo no ha obtenido lo que necesitaba.
Se puede adelgazar sin hacer dieta, tan sólo evitando los alimentos vacíos e introduciendo en la rutina diaria un poco de ejercicio, como caminar 30 minutos diarios, sólo hay que comer saludable. Pero si se decide hacer una dieta es necesario conocer que existen infinidad de métodos que indicarán de mil formas cómo perder los kilos de más.



Desde las dietas proteicas tipo Dukan, en la que se eliminan por un tiempo verduras, carbohidratos y frutas para ir añadiéndolos poco a poco una vez lograda la pérdida de grasa, hasta las dietas disociativas en la que se evita la mezcla de alimentos que engordan, todas prometen que son las ideales para no pasar hambre y puede resultar durante un tiempo, pero el cuerpo al final va a pedir lo que necesita y se le niega en forma de hambre.

Las dietas sanas incluyen: Cinco comidas diarias, un desayuno abundante en el que no falta el azúcar y los hidratos, que no se van a volver a tomar el resto del día, frutas y verduras de las que se comen crudas, proteínas y lácteos desnatados y una cena ligera evitando los fritos.
Para acostumbrar al organismo a una nueva alimentación existen muchos productos en farmacia que pueden ser de gran ayuda. Los batidos para adelgazar de efecto saciante pueden ser efectivos para empezar.


En herbolarios, plantas como el glucomanano o el plantago aportan fibra para controlar el hambre de los primeros días. La espirulina, el fucus, la pectina de manzana y la garcinia camboya reducen el apetito y ayudan de manera natural a aceptar la dieta de alimentación de forma fácil, sin pasar hambre.
No son, por separado, remedios infalibles contra esos kilitos de más, pero combinándolos como tendencia a seguir, puede lograrse una sana costumbre que recupere nuestra forma y nos ayude a mantenerla.






domingo, 28 de octubre de 2012

Qué significa el color que elijo para mi casa.

Aunque no queramos, los colores que elegimos para pintar nuestra casa dicen mucho de nosotros y, lo que es más importante, nos afectan.



No todo es cuestión de gusto y de diseño. Es necesario conocer qué influencia tienen los colores en el ánimo a la hora de pintar una habitación.
Numerosos estudios demuestran el poder que los colores del entorno de la persona tienen sobre su ánimo. Al ser producidos por la incidencia de la luz y siendo ésta energía, no sorprende que provoquen diferentes sensaciones relacionadas con la percepción inconsciente del hombre.
Las agencias de publicidad llevan ya muchos años utilizando estos conocimientos como ingredientes indispensables para una buena campaña de marketing. Incluso en los diseños de páginas web, en el montaje de un escaparate o en la disposición de una mercancía, son tenidos en cuenta.



Colores que inciden en nuestro estado de ánimo

No es lo mismo mirar un color y ser conscientes de la sensación que produce, que estar rodeado de ese color durante horas y experimentar inconscientemente un estado anímico inducido. Por eso, a la hora de elegir los tonos con los que pintar el hogar es importante conocer su influencia.

El color blanco, tradicional en la mayoría de los interiores por su funcionalidad y comodidad a la hora de los repasos, produce sensación de seguridad y de limpieza. Sería un buen color para la cocina o el baño, pero resultaría frío para un dormitorio.

El amarillo estimula la alegría, la energía, la inteligencia. Es el color del sol y, como él, exhala calor y vitalidad. Es un color ideal para un cuarto de estudios o un despacho, pero nunca para una cocina, si se sigue una dieta, porque activa nuestro organismo. Tampoco para el dormitorio del bebé.
Los tostados y marrones, en toda su gama, son colores relajantes, ideales para esa habitación donde descansar al llegar a casa. Pueden aplicarse también en los pasillos o el recibidor para absorber la tranquilidad que emanan al volver al hogar.



El efecto de los tonos azules, naranjas, verdes y negros, en el ánimo

Los tonos azules transmiten serenidad, son colores que ralentizan el organismo y nos producen una profunda relajación. Son los más indicados para poner en el dormitorio, tanto en el infantil como el de matrimonio.

El naranja es un color enérgico y entusiasta, revitaliza y anima, estimula y oxigena. La mayor o menor mezcla de rojo va a indicar el grado de energía que provoque, siendo el naranja rojizo un tono que incita el deseo sexual mientras que el naranja oscuro provoca agresividad.

El verde es la naturaleza. Sugiere la exuberancia de un paisaje y la fertilidad del renacer a la vida. Es un color cargado de seguridad y estabilidad social y mental. Resulta muy apropiado para un despacho o un salón de amplias dimensiones si lleva mucho azul. En tonos claros puede utilizarse también en pasillos o bibliotecas.

El negro y el rojo son colores con connotaciones agresivas y vigorosas. El rojo simboliza el peligro en casi todos los códigos de señales, da sensación de alerta y produce nerviosismo. El negro en cambio es el color del dolor, aunque produce seriedad y fortaleza. Combinados con otros se suaviza esa sensación.



Colores que saben a mujer, algo a tener en cuenta en decoración

Se dice que el rosa es el color de las niñas y el azul de los niños y, aunque resulte una afirmación sexista en nuestros días, no deja de tener una base científica y lógica.
Por su naturaleza, el hombre tiene un carácter más agresivo desde niño, le estimulan los juegos de fuerza y le gustan los deportes de contacto. Es preciso entonces poner a su alrededor tonos azules, ya que incitan a la relajación y la tranquilidad.

El rosa tiene evocaciones pacíficas, inspiran el amor y la amistad, es un color social en el sentido de relación entre personas, de curiosidad por el mundo. La mezcla mínima de rojo que lleva lo hace un color inquieto y curioso. Es el tono con el que la niña se siente relajada y a la vez despierta. Es su color.

El púrpura es un color romántico y mágico, muy utilizados en artículos para niño y mujer. Los más oscuros, evocan poder, tristeza y melancolía, mientras que los más claros denotan misterio, extravagancia y nostalgia. Son tonos que no se mantienen mucho tiempo en las paredes porque suelen cansar.



La energía que transmiten los colores

Aunque sea de una manera general y considerando que el matiz de cada color transmite una energía diferente, es interesante conocer cuáles son las influencias anímicas que producen antes de cambiar de color una habitación.

Las vibraciones de energía, así como las ondas que transmiten los colores y las connotaciones sociales o culturales que contienen, son la causa principal de la sensación que producen a cada grupo en particular.
No obstante, habrá una percepción para cada persona dependiendo de su capacidad de recepción, de la zona del planeta en que se encuentre y de la influencia cultural que haya recibido.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Las 50 sombras de Grey. Crónica de un éxito.


Es la novela de moda entre las mujeres, aunque algún que otro hombre también confiesa haber leído las famosas 50 sombras de Grey, por simple curiosidad.

Escuché hablar de ella en mis clases de baile y no podía creerme el furor que creaba entre las chicas y menos chicas que allí nos juntamos. Era una histeria colectiva, un enganche, lo que en estas tierras conocemos como “una barbariá”, lo que provocaba la lectura de la dichosa novelita.


Como escritora aficionada y nunca reconocida, tengo que admitir que la sola mención del librito empezaba a darme grima, máxime al saber que se trataba de una novelilla medio erótica, pseudo-porno, con sus pinceladas de sado correspondientes.
 No es que esté en contra de ese tipo de literatura, cada uno lee lo que le apetece en cada momento, lo que sí estoy en contra es de que se le llame literatura. Poco más o menos lo que ocurre con las uniones gays y los matrimonios, lingüísticamente hablando, valga la redundancia.

El caso es que es una corriente que se extiende como la pólvora, la lectura de las 50 sombras de Grey. Las chicas y mujeres que conozco y desconozco se compran y se prestan la trilogía de las sombras y aseguran devorarla en días, sin poder pensar en otra cosa que no sea leer a todas horas. Es tal el éxito que está teniendo que se habla de que ya supera en venta a toda la serie de novela juvenil de Harry Potter. ¿Cómo se puede llegar a dar tal pelotazo?



Ayer mismo, en un programa de la radio, dedicaron la hora de participación del oyente íntegramente al fenómeno de Grey, sus sombras y los beneficios maritales que ha conllevado su lectura. Ponía el vello de punta oír los testimonios de las señoras de cincuenta en adelante. Yo, que soy persona de imaginármelo todo como si lo estuviera viviendo, lo pasé francamente mal.
Pero lo mejor venía de las opiniones de los caballeros sobre los encantos de Grey: Basaban su éxito en la cuenta bancaria del protagonista, en los regalos que el tal Grey le hace a Anastasia y en lo impresionable que solemos ser las féminas ante el lujo y el poder.




Lo cierto es que a mi pregunta lógica de ¿De qué va el libro de las 50 sombras de Grey? Las respuestas son variadas, pero casi todas comienzan por: Te pone… Y eso a mí me da que pensar en un poco de aburrimiento conyugal y rutina por parte de las lectoras casadas y un mucho de desconocimiento y curiosidad, por parte de las lectoras solteras. Pero claro, puede no ser más que una impresión.
El caso es que me he empezado a leer el libro porque no se puede hablar sin saber, ni decir que no me gusta sin probar el limón a bocados.



Y ahí estoy, por la página ochenta y tantos, aburrida como una ostra, con la impresión de “volver a los 17” con mis novelitas de Corín Tellado y Carlos de Santander, toda romántica, toda inverosímil y toda desquiciante, basada en el poder que el hombre ejerce sobre la chica inexperta al enamorarla.


Sufro por mi experimento una literatura simple y moña, escrita en presente y en la primera persona de los novatos y tan predecible como las novelas televisivas de mediodía. Pero resisto, intento llegar a leer las 50 sombras de Grey al completo (al menos el primer libro) (al menos hasta llegar a la parte donde “te pone…”) para así poder hablar con conocimiento de causa y propiedad, aunque me esté sentado como el comerme un limón a bocados.

viernes, 19 de octubre de 2012

Revista Spesúnica by Roberto Langella


Mi amigo Roberto es un escritor astrólogo, o un astrólogo escritor, no estoy segura del orden. Una persona especial. Él se define como poco sociable, aunque yo lo llamo "selectivo", porque no pierde el tiempo siendo amable, no aparenta y dice y hace las cosas que le salen directamente del corazón.

 Es una cualidad que yo envidio porque, entre otras cosas, ni lleva a errores ni le hace a uno perder el tiempo en parafernalias ni adornos, en lo que al trato se refiere. Obviamente admiro su cualidad porque carezco de la capacidad de poseerla y temo mucho que en cien años que viviera, lograra adquirirla, o ponerla en práctica. Es cierto que, para los tiempos que corren, peco a veces de exceso de sinceridad, pero sólo en señaladas ocasiones, cuando realmente es un caso de hacerlo o reventar.

No es el caso de Roberto. En cuanto a astrólogo desconozco, he de admitir, en profundidad su trabajo, es decir, como cliente. En lo referente a sus artículos y sus cursos de interpretación de estrellas, algo leí, pero me confieso desconectada del mundo estelar y falta del necesario interés por conocer los entresijos de un futuro que pre-veo negro-oscurito, laboral y exitosamente hablando.
 Muchos amigos le han encargado cartas astrales, orientativas de vida, que les ha resultado bastante interesantes, pero yo aún me refugio es la crisis y voy posponiendo su encargo para el siguiente mes, a fin de no enfrentarme con mi triste realidad.

En lo referente a escritor, Roberto ha publicado varios libros muy bien escritos y tremendamente imaginativos, a saber: Valerie Vuelve (novela,2011), Poeta del Marcapasos (poesía, 2011), El Sepulcro de la Rosa de Los Vientos (novela 2011) y La Ira de Dios (novela 2012), todos ellos publicados en Babel Books. También artículos especializados en astrología y esoterismo como experto en la página de Suite 101, donde tuve el placer de conocerlo.



Además de eso, y ése es el motivo estrella de éste artículo, mi amigo Roberto Langela edita una revista digital, que puede también recibirse impresa, de temática variada fundamentalmente literaria, aunque llena de humor y de cosas astrológicas y esotéricas de esas de la que él gusta.

Y el caso es que es, en ésa precisa revista, donde a partir del mes de Diciembre comenzaré a publicar una de mis novelas. Sí, así, en fascículos, como en los viejos tiempos, al estilo de Benito Pérez Galdós y su novela por entregas. Oh sí, si tengo que compararme, no voy a escoger a cualquiera, tiesa sí, pero con aspiraciones!

Y que quería yo invitarlos a conocer la revista de Roberto y animarlos a leerla desde ya en el enlace que les pongo y a seguirla con interés a partir del próximo número del mes de diciembre, en el cual he tenido el privilegio de ser aceptada como colaboradora.

http://issuu.com/robertolangella/docs/revista_spes_unica_n__24_-_octubre_2012

Espero que la disfruten, es más, seguro que la disfrutan!

Créditos: Fotos robadas directamente de su Facebook.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Una cometa sin hilos: Un poema a la libertad.


En los albores del alba, con la camisa atada a las últimas carencias
pudo ser que se era una persona atenta, regocijada de antaño y de vivencias.

Caminó sin interés ni fondo, en la curiosidad del amor prometido
buscó bajo el pilón de los testigos, indagó en las ciénaga de lodo.

Pero tras de los barros enfangados, enredado en preguntas sin sentido
una voz que le apremia y le acontece, que  lo empuja a la luz de un sol rendido.

Sordo a llamados mundanales, ciego a certezas evidentes, canta porque cantando enajena los ruidos de la ira que ensordece.


Atrás los oscuros abismos donde tendía soledad y ventilaba sábanas a
verlas volar y desaparecer como pájaros, sentado frente al hastío y la desgana.

Se le olvidan los milagros cotidianos, se le ensucian de descaros y mentiras
y ese lazo que entrañable lo sujeta, se desliza soltándolo hacia arriba.

Y sobrevuela el rasante cual cometa, por encima de soles desabridos que tuercen sus rayos que no queman, derritiendo como cera sus caretas.

Y se siente feliz y también libre, presupone que no hace lo correcto, pero el amor que siente es tan  palpable, que ni culpa ni pecado lo sujeta.

Se soltó de los miedos consecuentes, de la soberbia y la melancolía, de los pasos sin huellas, de los entes que acosan de amenazas sus miserias.

No deshoja ya flores ni cose redes, no promete lo que nunca tuvo. Se limita a estar si le apetece, a ocupar el espacio que lo eleva, porque es consciente de que nunca lo retuvo.

No es desengaño, ni siquiera enfado, es un estar sin ser, un lanzamiento. Si que agradece el primer impulso que le dio claridad y ser al dueño, al único al que debe pleitesía, veneración y auténtico respeto.

Se limpió con las manos los juicios, se acicaló de creación y vida, vistió de sonrisas los dos mundos y buscó entre los riscos la salida.

Y ahí lo encontré, acurrucado, bañándose de sol y de caricias, la lluvia lo besaba y sonreía, el viento lo empujaba lentamente.

Y lo vi volar, cometa errante, emergiendo del lodo y la injusticia, y subir como globo sobre nubes a aprehender con los dedos tanta vida, que el universo asiente confortado, porque ése es el misterio que escondía.


jueves, 2 de agosto de 2012

El caso Carromero o el sueño de una Cuba libre.


El caso Carromero me ha hecho recordar muy vivamente los días que viví en Cuba. 
Aunque no era el motivo de mi visita, pude entrar en contacto con personas relacionadas con la disidencia y tuve muy presente su realidad,  una vida en constante vigilancia y con la inseguridad metida en el cuerpo.

Un extranjero no entra en contacto con los disidentes como ampliación de su paquete turístico. Lo hace por amistad con alguno de sus familiares del exterior, por consanguinidad familiar a través de algún matrimonio en el exterior, o por convencimiento político, apoyado, si no enviado, por alguna rama interesada de su partido.




No es de extrañar que esto ocurra si tenemos en cuenta que otros partidos, de igual forma, han dedicado esfuerzos y partidas presupuestarias a visitas a la isla para apretar lazos, con el romántico recuerdo revolucionario que se empeñan en defender vestigios de ideología inexistente, obviando la falta delibertad y la represión que se sufre en Cuba desde hace más de medio siglo.




Gentes de letras y música, actores y políticos pseudo-bohemios de cuentas bancarias abultadas, han viajado y sucumbido ante el ambiente de lucha desigual contra el imperialismo, desde la comodidad de su hotel de cinco estrellas, con la pulserita todo-incluido en sus muñecas.

A alguno, se cuenta, lo grabaron, chantajearon y extorsionaron con cámara en hotel y posición comprometida incluida en la pulserita. Pero eso, claro está, son comentarios que circulan, verdades a medias o mentiras, que nadie tiene intención de confirmar.



El caso es que sí es verdad que el contacto con gentes de la disidencia en la isla no está exento de vigilancia. Aunque nunca tuve retentiva con los nombres y carezco de capacidad fisonomista, pude reconocer a un mismo individuo en tres lugares diferentes de la isla durante mi visita: Una en La Habana, otra en Camagüey y la última en Santiago, donde directamente lo señalé y comenté con mis acompañantes: “Ése es el hombre que os digo que me encuentro en todos lados”.

De vuelta a La Habana, la prisa se apoderó de mí. Tenía angustia por salir de la isla y los dos días obligada a permanecer allí por el paso del huracán Katrina, fueron los más largos de mi vida.



Me fijé en la diferente disposición del interior de mi equipaje en el hotel y comencé a temer y a imaginar posibles alteraciones del contenido. Tenía presente cada historia, cada testimonio que había leído sobre extranjeros detenidos y olvidados en la vorágine de la caducidad de la noticia. Sentía una urgencia casi física por abandonar la isla.
No puedo definir si era miedo, inseguridad o sentimiento de indefensión ante lo desconocido y allí, claramente, lo desconocido eran mis derechos.




Entiendo y vivo de forma personal el caso de este joven madrileño que, apoyado o no por su partido, ha viajado cargado con la necesidad contribuir de alguna forma a la libertad de un pueblo. Seguramente estará preguntándose dónde están los que tanto lo alentaron en su viaje, dónde los que le facilitaron direcciones y nombres, dónde los que lo vitorearon por su buena acción.

Espero sinceramente que el gobierno no ceda ante el juego que los Castro intentan hacer a su costa, que no se preste a la farsa de ofrecerlo como oblación a los dioses carcomidos que lo retienen, no lo abandonen a su suerte, con la defensa obligatoria de un abogado cubano y sin garantías de justicia real.

Detención de disidentes en el funeral de Oswaldo Paya (Euronews)

 Pensemos que aunque es cierto que existen muchos intereses económicos en la isla, si en este país se asimila que Cuba no es un destino turístico seguro para viajar, otros tendrán mucho más que perder que los españoles y que hay muchos países en plena expansión que están deseando inversiones que ayuden a levantarlos, sin la presión y el miedo a ser expropiados.

La advertencia que el gobierno cubano lanza al mundo libre no es difícil de entender. Tampoco lo es la que envía a la disidencia cubana o al pueblo en general. Nos alientan a dejarlos solos en su lucha, a no inmiscuirnos, a alejarnos y seguramente esperarán que después podamos seguir durmiendo tan tranquilos.



Pero yo me pregunto ¿Y si realmente pudiéramos hacerlo? ¿Y si no volviera a salir un avión de turistas españoles hacia la isla, ni una remesa, ni un envío? ¿A quién estaríamos dando la espalda a las necesidades de un pueblo que todavía sentimos como parte nuestra, o a los intereses económicos y de poder de sus gobernantes?



miércoles, 2 de mayo de 2012

LA VIEJA ´EL PUENTE.


En las tardes de lluvia, cuando el frío traicionero hace que los juegos se trasladen del parque al salón de casa, las situaciones con los niños hacen que mi memoria se traslade lejos en el tiempo.
Me acuerdo entonces de una casa pequeña en un barrio de Sevilla, la casa de mi abuela, de un sábado cualquiera en el que era obligatoria la visita y estancia con los primos y de cientos de juegos imaginativos, que inventábamos para lograr divertirnos en tan poco espacio.





Mi abuela con mis tías ocupaban la cocina y entre el salón y el patio, los niños las desquiciábamos con nuestras voces y peleas, en cientos de situaciones donde queríamos quedar los primeros.
 De vez en cuando, una de ellas sacaba la cabeza y observaba, hacía una valoración general de la situación y comunicaba el resultado al grupo dominante de la cocina:
“El niño le ha pegado a tu hija, la mía está a lo suyo en la escalera, tu hijo no deja jugar a tu hija y la otra, que es como la vieja el puente, no deja a ninguno tranquilo”.



En un rápido vistazo a mi salón descubro cual de todos es “la vieja ´el puente" de esta generación”. Es lo interesante de ser adulta, que entiendes todos los misterios que te fueron velados de pequeña. 

Recuerdo que cuando escuchaba la sentencia comparativa, me sentía realmente frustrada. No podía entender las características que podía tener el portador de tal títulohonorífico. Por mucho que lo observara desde la escalera, porque yo siempre fui la que estaba a lo mío en esa parte de la casa, no le veía nada diferente a aquella prima que siempre se ganaba la misteriosa reputación.






Alguna vez pregunté y me contaron la historia de una señora mayor que vivía al lado del puente y era muy quisquillosa. Como todos conocían de su mal genio, andaban provocándola para que les soltara algún insulto. Tan acostumbrada estaba a que no pasara por su lado nadie sin que le buscara la boca, que cuentan, que si alguno pasaba sin provocarla, era ella la que le preguntaba si no iban a decirle nada hoy.

Entonces no entendía muy bien por qué alguien buscaba la disputa por encima de cualquier tranquilidad mental o espiritual, me quedaba con la duda de por qué esa mujer no se adentraba en su casa e ignoraba a quienes sólo le podían dar disgustos y se esforzaban para amargarle el día.


Ya de mayor entiendo que era un simple problema de soledad. Aquella pobre mujer tenía la necesidad de hablar con alguien, de llamar la atención, de sentirse protagonista de cualquier historia por unos momentos al día, y la única forma que se le ocurría era hacer gala de su diferente carácter y regalaba su cúmulo de improperios e insultos, por no tener nada diferente más que ofrecer.

Claro que bien podía haber repartido caramelos a los niños o haber cantado para deleite de los que pasaban junto al puente, podría haber colocado una pizzería en un lugar tan estratégico y comercial, o haber alquilado su balcón para ver los pasos de Semana Santa, pero no se le ocurrió.



Y es que a veces es más fácil de explotar lo diferente, aunque sea de forma negativa, para que le presten a uno atención, que intentar construir un puente hacia el pacífico y constructivo entendimiento, la tranquilidad de espíritu y, por qué no, la buena vecindad.

 Proclamamos entonces nuestras diferencias como bandera en aras de una originalidad inexistente. 
Damos por hecho que, aunque no nos pregunten, a todos les interesa nuestra forma de pensar y nuestro distinto punto de vista y obviamos que podemos ser mucho más valiosos y apreciados por nuestra forma de sentir, de construir, de callar e incluso de hacer a los otros sentirse a gusto en nuestra compañía, que por la nimia diferencia que queremos explotar. 

Pensamos que gritando a los cuatro vientos aquellas cosas que creemos que nos definen, tendremos la atención que necesitamos para sentirnos importantes y eso nos convierte, inevitablemente, en las viejas ´el puente de los que observan en silencio, bien desde la escalera o bien desde la puerta de la cocina.

miércoles, 4 de abril de 2012

Maravillas de la naturaleza: El Mangostán


La casualidad, en la que no creo, me ha llevado hasta el Mangostán. Si ya me apasionaba el mundo de los remedios caseros y las plantas curativas, ahora es cuando me he dejado seducir por un  conocimiento serio de lo que llaman la reina de las frutas, el mango asiático o Mangostán.
Siempre me gustaron las plantas y la medicina natural. Entre acudir a la química pura y dura para una dolencia o carencia física y anímica, y consultar con la chica de la herboristería, no me lo pensaba. Tal vez por la reminiscencia sesentera de la cultura Hippy, por mi tendencia a creer que lo natural es siempre lo que menos efectos secundarios tiene, o porque, sencillamente, me harté de que me recetaran ibuprofeno para todo en la Seguridad Social, el caso es que desde hace mucho tiempo apuesto por curación de base y la prevención natural.

No es que deje de acudir al médico y que no crea en la medicina tradicional, ni mucho menos. Confío plenamente en mi especialista y mi médico de cabecera para casos de enfermedad. Pero me queda claro que no atenderán como enfermedad, si no es grave, mi retención de líquidos, por mucho que me afee, ni la endeblez de mi pelo, ni  esas manchitas que me salen con el sol, ni el dolor de todo después de un día imposible, ni el desánimo y agotamiento que mi vida diaria me regala.



¿Y qué tiene que ver todo esto con el Mangostán? Pues al parecer todo, porque leo y me informo de que es un potente anti-oxidante y anti-inflamatorio natural, que acude a mi organismo para combatir las inflamaciones que producen muchas de las dolencias y malestares del cuerpo y de la piel que, aún no son enfermedades para acudir al médico, pero pueden llegar a serlo.

Según los estudios de diferentes laboratorios, todo tiene que ver con unos fitonutrientes y las maravillosas xantonas, un componente bioactivo que ayuda a mantener la salud intestinal, a robustecer el sistema inmunológico, a neutralizar los radicales libres, a fortalecer los cartílagos y el funcionamiento de las articulaciones y a favorecer un sistema respiratorio estacional saludable.

Para hacernos una idea se sabe que el Aloe tiene 3 xantonas y el Mangostán cerca de 50, por lo que resulta un alimento con potentes propiedades anti-inflamatorias, anti-fatiga, anti-oxidante y por tanto anti-envejecimiento, hipoglicémico, inmunomodulador, anti-lipédico y anti-obesidad, anti-arteriosclerótico, anti-depresivo, ansiolítico y un montón de “antis” más, relacionados con la inflamación celular que son señal inequívoca de que existe una enfermedad, o un principio de ella.

Por extensión, el uso del Mangostán se presenta como un eficaz preventivo de numerosas enfermedades más o menos graves como el Alzheimer, la formación de tumores, la artritis, la Fibromialgia y las alergias. Es bueno para luchar contra los virus y las bacterias, baja la fiebre, reduce el dolor de nervios y hasta controla la caspa y reduce la soriasis. Comienzo a comprender por qué le llaman la reina de las frutas.




Bueno, eso no lo digo yo, en la página www.pubmed.com, se recogen numerosas investigaciones médicas sobre las xantonas buscando por xanthones o mangosteen.
Hace relativamente poco tiempo que se comercializa en España, apenas 2 años, aunque son 10 los que se vende en numerosos países, entre ellos el que patenta la fórmula, EEUU. 

Empresas como Xango lo distribuyen en sistema de marketing multinivel, a través de distribuidores, bajo la supervisión del Dr. Frederic Templeman. Se vende al precio aproximado de 35€  la botella, que dura más de veinte días, casi como una crema hidratante.

Ya se sabe que la panacea no existe, ni la fuente de la eterna juventud, pero no podemos negar que la naturaleza siempre ha ayudado al hombre, a pesar de sus continuos ataques a su integridad y, quién dice que, si no a vivir más, el Mangostán no pueda ayudarnos a tener mayor calidad de vida.  

jueves, 22 de marzo de 2012

IV.- CAMAGUEY- CIEGO DE ÁVILA (MORÓN) – EL COBRE

 Mi viaje a Cuba tuvo como eje fundamental la visita a los familiares de mis amigos que ya no viven en la isla.                                                                                                                                                              
Es complejo escribir sobre el desarraigo familiar que se respira en el país. Exteriormente se nota quien tiene a alguien fuera por la forma de vestir. Te encuentras con la última moda de Adidas o Nike América mientras paseas por las calles. Camisetas, piratas, zapatillas deportivas, todo lo que aquí en España vale un pastón allí lo llevan combinado con ropa de hace cinco temporadas con la mayor naturalidad. También llama la atención la cantidad de oro que prende de los cuellos de las gentes más modestas. ¿No tendrá el mismo precio que aquí, o es que tienen todavía algún tesoro escondido con el que no dimos los españoles cuando fuimos a colonizar?

El caso es que Cuba es por sobretodo un lugar de contrastes.
Me llama poderosamente la atención el dominio lingüístico que tiene el cubano medio. Un vocabulario extenso y culto, con palabras que no se usan en España en el lenguaje coloquial. Un lava-coches cualquiera de una gasolinera me sorprendía con vocablos que oigo sólo en congresos o en discursos de profesionales de algún escogido sector universitario. Pero qué ingenua puedo llegar a ser, olvidaba que en Cuba todos son universitarios.
Aunque sinceramente no entiendo qué forma de martirio es esa de abrir la mente con la enseñanza para que sean conscientes de la manera que tienen de reprimirlos.




Pero volviendo al tema que iniciaba, las visitas familiares, tengo que decir que nadie como un cubano para hacerle sentir a una que está en su propia casa. Son los seres más cariñosos y atentos que he tratado. Ni que decir tiene que todo en sus vidas gira en torno a la persona o personas que tienen fuera. Sus fotografías ocupan un lugar privilegiado en sus paredes, sus anécdotas un sitio primordial en sus conversaciones y sus recuerdos la parte fundamental de su existencia.
 No sé aún hoy si les compensa esas pequeñas comodidades que les supone las donaciones mensuales que les giran con el terrible vacío que nadie llena en sus hogares, lo que sí sé es que cualquier noticia que les llegue de sus seres queridos, es acogida con tal fiesta e ilusión que una teme en todo momento no poder estar a la altura.


Nuestra llegada hizo que toda la familia se reuniera y se vistiera de domingo. Se cuidaron mucho de no confesar ni una pena durante nuestra visita, todo lo que debíamos transmitirle a sus familiares era felicidad y serenidad.
Ni un gesto de disgusto, ni una mala cara, nada más que alegría y agradecimiento por nuestra presencia fue lo que percibimos.
 Todo el mundo dejó lo que estaba haciendo o lo que tuviera previsto por hacer para atendernos.


Aunque eran casa, dentro de la precariedad, de la más favorecidas, le partía a una el alma ver la sorpresa en las caras de los niños cuando veían la foto recién tomada de la cámara digital o cuando escuchaban los tonos de los móviles y se lanzaban corriendo a enseñárselo a los mayores, que no la escuchaban con menos sorpresa.
Algo tan insignificante como las toallitas húmedas de desmaquillarse formó una auténtica revolución entre las mujeres de la casa. No podré olvidar mientras viva la expresión de una señora mayor cuando comprobó que se mantenían mojadas y olían a perfume. Durante el resto de mi viaje me quité el maquillaje con agua y jabón, quería permanecer en su memoria como la española que le regaló los pañuelos perfumados.


                                                    
Como una nunca sabe cuándo la visitará el ángel de la muerte, o cuándo sobrarán los cuartos para volver a coger la maleta, no quise venirme de la isla sin ver Santiago de Cuba.
Salimos cómo ya era la costumbre, bastante temprano y seguimos carreteras ya no tan rectas, como siempre sin señalizar y  cada vez con menos asfalto.


Una parada obligada El Cobre, creo que teníamos la secreta intención de comprobar con nuestros propios ojos si realmente el gobierno cubano había sido capaz de dejar al pueblo sin Dios, o si era Dios el que había desviado la vista del pueblo cubano.
Nada más lejos de la realidad. El Cobre me recordó a cualquier pueblito de romerías de España. Decenas de puestecillos vendían reliquias, imágenes de madera bellísimas y muy bien trabajadas, piedras brillantes y algo que me llamó la atención, flores para las ofrendas.


La venta era demasiado agresiva. Los tenderos te perseguían hasta los restaurantes y pedían precios desorbitados por cualquier recuerdo, como si fuera su última oportunidad de hacer una venta en su vida.
Con la promesa de comprarles algo a la vuelta, nos dejaron proseguir nuestro camino y subir por fin a ver a la Virgen.
Me sorprendió lo pequeñito de las tallas. Viniendo de una región en la que las representaciones religiosas se hacen a tamaño natural y de una ciudad donde cada Semana Santa, sacamos a la calle cinco metros de plataformas con escenas de la Pasión de Cristo, ver aquellas pequeñas figuras me dejó muy claro que los primero pobladores españoles de Cuba desde luego no eran de Sur.


Había poca gente quizás por ser un día laborable. En Cuba todo el mundo trabaja y si no trabaja estudia y si no estudia o trabaja va a la cárcel por vago, porque existe una ley a tal efecto y porque, claro está, si no haces nada te queda tiempo para confabular contra el gobierno o simplemente para pensar por ti mismo. También en España en tiempos de Franco había una ley de vagos y maleantes para confabuladores, rojos y homosexuales. Se diferencian en poco las dictaduras del mundo.



Bajamos tras rendirle culto a La Caridad del Cobre y nos dispusimos a cumplir la promesa dada a los que atendían los puestecillos. Regateamos, los vimos discutir unos con otros por vendernos y al final nos fuimos cargados de tallitas de madera para toda la familia. Todo de lo más natural.
Continuamos camino por el incomparable paisaje verde-sierra hacia oriente. Yo me deleitaba con aquellas vistas de pronto escarpadas de pronto llanas, Cuba es un país con tantos contrastes en todos los sentidos, que puede hacerte sentir cualquier cosa, menos 
indiferencia.


                                                                     
                                                                                                                …. Continúa……

Completa la aventura: