IV.- CAMAGUEY- CIEGO DE ÁVILA (MORÓN) – EL COBRE

 Mi viaje a Cuba tuvo como eje fundamental la visita a los familiares de mis amigos que ya no viven en la isla.                                                                                                                                                              
Es complejo escribir sobre el desarraigo familiar que se respira en el país. Exteriormente se nota quien tiene a alguien fuera por la forma de vestir. Te encuentras con la última moda de Adidas o Nike América mientras paseas por las calles. Camisetas, piratas, zapatillas deportivas, todo lo que aquí en España vale un pastón allí lo llevan combinado con ropa de hace cinco temporadas con la mayor naturalidad. También llama la atención la cantidad de oro que prende de los cuellos de las gentes más modestas. ¿No tendrá el mismo precio que aquí, o es que tienen todavía algún tesoro escondido con el que no dimos los españoles cuando fuimos a colonizar?

El caso es que Cuba es por sobretodo un lugar de contrastes.
Me llama poderosamente la atención el dominio lingüístico que tiene el cubano medio. Un vocabulario extenso y culto, con palabras que no se usan en España en el lenguaje coloquial. Un lava-coches cualquiera de una gasolinera me sorprendía con vocablos que oigo sólo en congresos o en discursos de profesionales de algún escogido sector universitario. Pero qué ingenua puedo llegar a ser, olvidaba que en Cuba todos son universitarios.
Aunque sinceramente no entiendo qué forma de martirio es esa de abrir la mente con la enseñanza para que sean conscientes de la manera que tienen de reprimirlos.




Pero volviendo al tema que iniciaba, las visitas familiares, tengo que decir que nadie como un cubano para hacerle sentir a una que está en su propia casa. Son los seres más cariñosos y atentos que he tratado. Ni que decir tiene que todo en sus vidas gira en torno a la persona o personas que tienen fuera. Sus fotografías ocupan un lugar privilegiado en sus paredes, sus anécdotas un sitio primordial en sus conversaciones y sus recuerdos la parte fundamental de su existencia.
 No sé aún hoy si les compensa esas pequeñas comodidades que les supone las donaciones mensuales que les giran con el terrible vacío que nadie llena en sus hogares, lo que sí sé es que cualquier noticia que les llegue de sus seres queridos, es acogida con tal fiesta e ilusión que una teme en todo momento no poder estar a la altura.


Nuestra llegada hizo que toda la familia se reuniera y se vistiera de domingo. Se cuidaron mucho de no confesar ni una pena durante nuestra visita, todo lo que debíamos transmitirle a sus familiares era felicidad y serenidad.
Ni un gesto de disgusto, ni una mala cara, nada más que alegría y agradecimiento por nuestra presencia fue lo que percibimos.
 Todo el mundo dejó lo que estaba haciendo o lo que tuviera previsto por hacer para atendernos.


Aunque eran casa, dentro de la precariedad, de la más favorecidas, le partía a una el alma ver la sorpresa en las caras de los niños cuando veían la foto recién tomada de la cámara digital o cuando escuchaban los tonos de los móviles y se lanzaban corriendo a enseñárselo a los mayores, que no la escuchaban con menos sorpresa.
Algo tan insignificante como las toallitas húmedas de desmaquillarse formó una auténtica revolución entre las mujeres de la casa. No podré olvidar mientras viva la expresión de una señora mayor cuando comprobó que se mantenían mojadas y olían a perfume. Durante el resto de mi viaje me quité el maquillaje con agua y jabón, quería permanecer en su memoria como la española que le regaló los pañuelos perfumados.


                                                    
Como una nunca sabe cuándo la visitará el ángel de la muerte, o cuándo sobrarán los cuartos para volver a coger la maleta, no quise venirme de la isla sin ver Santiago de Cuba.
Salimos cómo ya era la costumbre, bastante temprano y seguimos carreteras ya no tan rectas, como siempre sin señalizar y  cada vez con menos asfalto.


Una parada obligada El Cobre, creo que teníamos la secreta intención de comprobar con nuestros propios ojos si realmente el gobierno cubano había sido capaz de dejar al pueblo sin Dios, o si era Dios el que había desviado la vista del pueblo cubano.
Nada más lejos de la realidad. El Cobre me recordó a cualquier pueblito de romerías de España. Decenas de puestecillos vendían reliquias, imágenes de madera bellísimas y muy bien trabajadas, piedras brillantes y algo que me llamó la atención, flores para las ofrendas.


La venta era demasiado agresiva. Los tenderos te perseguían hasta los restaurantes y pedían precios desorbitados por cualquier recuerdo, como si fuera su última oportunidad de hacer una venta en su vida.
Con la promesa de comprarles algo a la vuelta, nos dejaron proseguir nuestro camino y subir por fin a ver a la Virgen.
Me sorprendió lo pequeñito de las tallas. Viniendo de una región en la que las representaciones religiosas se hacen a tamaño natural y de una ciudad donde cada Semana Santa, sacamos a la calle cinco metros de plataformas con escenas de la Pasión de Cristo, ver aquellas pequeñas figuras me dejó muy claro que los primero pobladores españoles de Cuba desde luego no eran de Sur.


Había poca gente quizás por ser un día laborable. En Cuba todo el mundo trabaja y si no trabaja estudia y si no estudia o trabaja va a la cárcel por vago, porque existe una ley a tal efecto y porque, claro está, si no haces nada te queda tiempo para confabular contra el gobierno o simplemente para pensar por ti mismo. También en España en tiempos de Franco había una ley de vagos y maleantes para confabuladores, rojos y homosexuales. Se diferencian en poco las dictaduras del mundo.



Bajamos tras rendirle culto a La Caridad del Cobre y nos dispusimos a cumplir la promesa dada a los que atendían los puestecillos. Regateamos, los vimos discutir unos con otros por vendernos y al final nos fuimos cargados de tallitas de madera para toda la familia. Todo de lo más natural.
Continuamos camino por el incomparable paisaje verde-sierra hacia oriente. Yo me deleitaba con aquellas vistas de pronto escarpadas de pronto llanas, Cuba es un país con tantos contrastes en todos los sentidos, que puede hacerte sentir cualquier cosa, menos 
indiferencia.


                                                                     
                                                                                                                …. Continúa……

Completa la aventura: 

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