LA VIEJA ´EL PUENTE.


En las tardes de lluvia, cuando el frío traicionero hace que los juegos se trasladen del parque al salón de casa, las situaciones con los niños hacen que mi memoria se traslade lejos en el tiempo.
Me acuerdo entonces de una casa pequeña en un barrio de Sevilla, la casa de mi abuela, de un sábado cualquiera en el que era obligatoria la visita y estancia con los primos y de cientos de juegos imaginativos, que inventábamos para lograr divertirnos en tan poco espacio.





Mi abuela con mis tías ocupaban la cocina y entre el salón y el patio, los niños las desquiciábamos con nuestras voces y peleas, en cientos de situaciones donde queríamos quedar los primeros.
 De vez en cuando, una de ellas sacaba la cabeza y observaba, hacía una valoración general de la situación y comunicaba el resultado al grupo dominante de la cocina:
“El niño le ha pegado a tu hija, la mía está a lo suyo en la escalera, tu hijo no deja jugar a tu hija y la otra, que es como la vieja el puente, no deja a ninguno tranquilo”.



En un rápido vistazo a mi salón descubro cual de todos es “la vieja ´el puente" de esta generación”. Es lo interesante de ser adulta, que entiendes todos los misterios que te fueron velados de pequeña. 

Recuerdo que cuando escuchaba la sentencia comparativa, me sentía realmente frustrada. No podía entender las características que podía tener el portador de tal títulohonorífico. Por mucho que lo observara desde la escalera, porque yo siempre fui la que estaba a lo mío en esa parte de la casa, no le veía nada diferente a aquella prima que siempre se ganaba la misteriosa reputación.






Alguna vez pregunté y me contaron la historia de una señora mayor que vivía al lado del puente y era muy quisquillosa. Como todos conocían de su mal genio, andaban provocándola para que les soltara algún insulto. Tan acostumbrada estaba a que no pasara por su lado nadie sin que le buscara la boca, que cuentan, que si alguno pasaba sin provocarla, era ella la que le preguntaba si no iban a decirle nada hoy.

Entonces no entendía muy bien por qué alguien buscaba la disputa por encima de cualquier tranquilidad mental o espiritual, me quedaba con la duda de por qué esa mujer no se adentraba en su casa e ignoraba a quienes sólo le podían dar disgustos y se esforzaban para amargarle el día.


Ya de mayor entiendo que era un simple problema de soledad. Aquella pobre mujer tenía la necesidad de hablar con alguien, de llamar la atención, de sentirse protagonista de cualquier historia por unos momentos al día, y la única forma que se le ocurría era hacer gala de su diferente carácter y regalaba su cúmulo de improperios e insultos, por no tener nada diferente más que ofrecer.

Claro que bien podía haber repartido caramelos a los niños o haber cantado para deleite de los que pasaban junto al puente, podría haber colocado una pizzería en un lugar tan estratégico y comercial, o haber alquilado su balcón para ver los pasos de Semana Santa, pero no se le ocurrió.



Y es que a veces es más fácil de explotar lo diferente, aunque sea de forma negativa, para que le presten a uno atención, que intentar construir un puente hacia el pacífico y constructivo entendimiento, la tranquilidad de espíritu y, por qué no, la buena vecindad.

 Proclamamos entonces nuestras diferencias como bandera en aras de una originalidad inexistente. 
Damos por hecho que, aunque no nos pregunten, a todos les interesa nuestra forma de pensar y nuestro distinto punto de vista y obviamos que podemos ser mucho más valiosos y apreciados por nuestra forma de sentir, de construir, de callar e incluso de hacer a los otros sentirse a gusto en nuestra compañía, que por la nimia diferencia que queremos explotar. 

Pensamos que gritando a los cuatro vientos aquellas cosas que creemos que nos definen, tendremos la atención que necesitamos para sentirnos importantes y eso nos convierte, inevitablemente, en las viejas ´el puente de los que observan en silencio, bien desde la escalera o bien desde la puerta de la cocina.

Comentarios

Entradas populares de este blog

PERSIGUIENDO HORMIGAS: OTRO INVIERNO LLUVIOSO.

Qué significa el color que elijo para mi casa.

Las 50 sombras de Grey. Crónica de un éxito.