El caso Carromero o el sueño de una Cuba libre.


El caso Carromero me ha hecho recordar muy vivamente los días que viví en Cuba. 
Aunque no era el motivo de mi visita, pude entrar en contacto con personas relacionadas con la disidencia y tuve muy presente su realidad,  una vida en constante vigilancia y con la inseguridad metida en el cuerpo.

Un extranjero no entra en contacto con los disidentes como ampliación de su paquete turístico. Lo hace por amistad con alguno de sus familiares del exterior, por consanguinidad familiar a través de algún matrimonio en el exterior, o por convencimiento político, apoyado, si no enviado, por alguna rama interesada de su partido.




No es de extrañar que esto ocurra si tenemos en cuenta que otros partidos, de igual forma, han dedicado esfuerzos y partidas presupuestarias a visitas a la isla para apretar lazos, con el romántico recuerdo revolucionario que se empeñan en defender vestigios de ideología inexistente, obviando la falta delibertad y la represión que se sufre en Cuba desde hace más de medio siglo.




Gentes de letras y música, actores y políticos pseudo-bohemios de cuentas bancarias abultadas, han viajado y sucumbido ante el ambiente de lucha desigual contra el imperialismo, desde la comodidad de su hotel de cinco estrellas, con la pulserita todo-incluido en sus muñecas.

A alguno, se cuenta, lo grabaron, chantajearon y extorsionaron con cámara en hotel y posición comprometida incluida en la pulserita. Pero eso, claro está, son comentarios que circulan, verdades a medias o mentiras, que nadie tiene intención de confirmar.



El caso es que sí es verdad que el contacto con gentes de la disidencia en la isla no está exento de vigilancia. Aunque nunca tuve retentiva con los nombres y carezco de capacidad fisonomista, pude reconocer a un mismo individuo en tres lugares diferentes de la isla durante mi visita: Una en La Habana, otra en Camagüey y la última en Santiago, donde directamente lo señalé y comenté con mis acompañantes: “Ése es el hombre que os digo que me encuentro en todos lados”.

De vuelta a La Habana, la prisa se apoderó de mí. Tenía angustia por salir de la isla y los dos días obligada a permanecer allí por el paso del huracán Katrina, fueron los más largos de mi vida.



Me fijé en la diferente disposición del interior de mi equipaje en el hotel y comencé a temer y a imaginar posibles alteraciones del contenido. Tenía presente cada historia, cada testimonio que había leído sobre extranjeros detenidos y olvidados en la vorágine de la caducidad de la noticia. Sentía una urgencia casi física por abandonar la isla.
No puedo definir si era miedo, inseguridad o sentimiento de indefensión ante lo desconocido y allí, claramente, lo desconocido eran mis derechos.




Entiendo y vivo de forma personal el caso de este joven madrileño que, apoyado o no por su partido, ha viajado cargado con la necesidad contribuir de alguna forma a la libertad de un pueblo. Seguramente estará preguntándose dónde están los que tanto lo alentaron en su viaje, dónde los que le facilitaron direcciones y nombres, dónde los que lo vitorearon por su buena acción.

Espero sinceramente que el gobierno no ceda ante el juego que los Castro intentan hacer a su costa, que no se preste a la farsa de ofrecerlo como oblación a los dioses carcomidos que lo retienen, no lo abandonen a su suerte, con la defensa obligatoria de un abogado cubano y sin garantías de justicia real.

Detención de disidentes en el funeral de Oswaldo Paya (Euronews)

 Pensemos que aunque es cierto que existen muchos intereses económicos en la isla, si en este país se asimila que Cuba no es un destino turístico seguro para viajar, otros tendrán mucho más que perder que los españoles y que hay muchos países en plena expansión que están deseando inversiones que ayuden a levantarlos, sin la presión y el miedo a ser expropiados.

La advertencia que el gobierno cubano lanza al mundo libre no es difícil de entender. Tampoco lo es la que envía a la disidencia cubana o al pueblo en general. Nos alientan a dejarlos solos en su lucha, a no inmiscuirnos, a alejarnos y seguramente esperarán que después podamos seguir durmiendo tan tranquilos.



Pero yo me pregunto ¿Y si realmente pudiéramos hacerlo? ¿Y si no volviera a salir un avión de turistas españoles hacia la isla, ni una remesa, ni un envío? ¿A quién estaríamos dando la espalda a las necesidades de un pueblo que todavía sentimos como parte nuestra, o a los intereses económicos y de poder de sus gobernantes?



Comentarios

  1. Excelente como siempre. Gracias Chabela por apoyar a mi pueblo, Dios quiera qué Carromero se pueda librar de esta, rezamos por ello, un abrazo,
    Maggie

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  2. Mi opinión personal es que cada centimo que entra en la Isla ayuda al regimen.-Pero es una decisión dificil de tomar, además matizo, una cosa es mandar ayuda a alguien necesitado, sea familiar o no, y otra ir alli para hacer turismo.
    Las empresas españolas que invertieron alli, tenian que haberlo pensado dos veces, y saber con quien estaban jugando, si ahora les va mal, no me da pena.
    Cecilia

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  3. si, desde luego, a ver si Carromero puede salir de ésta de una vez. es tanto el politiqueo que se le da una publicidad demás con toda intención.
    que se dejen de historias y dejen ya una Cuba libre.... pero libre también de todas las sanguijuelas que siguen propagando que hacen todo por el bien del pueblo....
    en fin.. los que no estamos allí no sabemos ni la mitad.
    gracias Chabela
    Natacha

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