Te saludo, mi invitado.

Bienvenido al lugar. Pasa sin llamar. No hay grandes descubrimientos, en lo sencillo está casi siempre la sabiduría, aunque no es éste el caso.


Siéntate donde puedas y mira pasar la vida desde una ventana del sur. Todo parece diferente cuando se lee a media voz, ante una copa de vino. Aunque puedes gritar si quieres, la libertad es un don preciado y un signo de salud.

Permítete brindar por ella: ¡ por tu salud!

viernes, 5 de abril de 2013

Canelita y el chico de los botines negros


Con el olor a pescado impregnándolo todo, era difícil concentrarse en los olores propios del postre del menú. Canelita tuvo que probar por dos veces el relleno de la tarta para asegurarse de que llevaba todos los ingredientes.

Aunque tenía la base preparada del día anterior, el secreto de una buena tarta de manzana radicaba en el flan que la cubría y en la mermelada que lo bañaba y en eso, precisamente, era en lo que se estaba esmerando en aquellos momentos.

- ¿Te ayudo a cortar manzanas? –preguntaba Daniela, mirándola sonriente.
Canelita era consciente de que despertaba verdadera admiración en la camarera de los pechos altos pero, en ése instante preciso, no estaba por la labor de mantener con ella una de sus intrascendentes y vacías conversaciones de compañera.



- Ya están cortadas y bañándose en limón –respondió secamente.

- Eso se hace para que no se pongan negras ¿verdad?  - seguía intentándolo.

- Y desde cuándo te interesa a ti la repostería –preguntó sin responder.

- Bueno, se puede decir que desde que andas enamorando a la clientela con     tus postres –sonrió-. Ahí fuera está otra vez el chico de los botines negros. Ya ha preguntado por el postre del día y no quita los ojos de la puerta de la cocina, para ver si apareces.

- ¡Deja de decir tonterías! No conozco al tal chico de los botines negros. De hecho nadie de mi barrio viene nunca por la venta, de modo que no se te ocurra meterme en problemas, o tendré que arrastrarte de los pelos por todo el gallinero.



- ¡Qué carácter, mujer! Si lo único que quería era darte conversación y ser simpática. Y, además,  que yo no me invento nada. También Rufino y María Antonia han notado que te mira. Y Doña Pilar dice que lo ha visto sentado en la parada del autobús, esperando a que salgas para verte marchar.
- ¡Yo es que no puedo creerlo! ¿Habláis de mí a mis espaldas? –Aquello era lo que se conoce vulgarmente como pasarse de castaño oscuro. Estaba claro que había llegado el momento de pararle los pies a aquella Barbie Cotilla, si no quería ser la diana de todos los comentarios de la cocina. – Mira Daniela –dijo haciendo acopio de una paciencia que desconocía que existiera en su persona-, si de verdad deseas ser simpática, empieza por olvidarte de mí y de mi vida. No quiero escuchar ni un comentario más sobre el chico de los botines negros que, entre otras cosas, dudo de que sea el protagonista de la película que os estáis montando.
- Desde luego que no te enteras de nada, chica. Parece que vivieras en la luna. ¿De verdad que no te has dado cuenta de nada?




- ¡Qué se va a dar cuenta! –Intervino Doña Pilar- Ella viene aquí a trabajar y es lo que hace.
- ¡Oiga que yo también trabajo! –Daniela se sentía dolida en lo más profundo, siempre teniendo en cuenta la profundidad que poseía Daniela-.
- Si hija sí, además de todo lo demás.
- Está visto que no se puede ser amable con la gente. Ya ven, yo sólo quería alegrarle el día a canelita. Con ésa cara que trae de amargada de la vida, siempre tan seria. Pero se ve que, hasta para ser agradable, hay que pedir permiso. Pues que sepan … -Y su voz se fue apagando, que no extinguiendo, a través del pasillo, en busca quizás de algún otro misterio que requiriera de su intelecto con urgencia.
- Ve con Dios, querida –dijo Bienvenido sin levantar la vista del pescado que se doraba en la sartén.
- ¡No blasfemes hijo, que lo que te hacía falta era que Dios te castigara!

... síguela en la Revista Spes Únina de Abril.








Chabela Ximénez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario