Recreándonos en nuestra triste realidad.

Es cierto que la situación económica de España no pasa por su mejor momento de la historia. Es más, estamos pasando por una de las mayores crisis de nuestra historia y tenemos el mayor índice de paro que se ha conocido nunca.
Cierto es que hay casos verdaderamente desesperados a lo largo y ancho de toda la piel de toro: Fraudes bancarios que han llevado a mucho padre de familia a la ruina, desempleo sangrante, pérdidas de viviendas, familias desahuciadas, pobreza inesperada y desesperante.




Es verdad, todo está muy mal, pero no es necesario que estemos constantemente recreándonos en nuestra triste realidad. Hablo en concreto de los programas de televisión. Es imposible ver un magazine en el que no aparezcan las tragedias diarias de cada familia que lo ha perdido todo, que ha tenido que abrir una casa vacía para ocuparla, que está viviendo de la caridad de los vecinos o de la iglesia, que está con sus hijos en la calle reclamando su derecho a una vida digna.

Es tarea y obligación de los medios de comunicación denunciar esas situaciones. A algunas familias es lo único que les queda, que se conozca su desesperación, que se les mueva algo en el interior a los que tienen el poder de solucionar en algo su angustia, pero en serio que ya se convierte en algo insoportable.


Pones la televisión y una pareja cuenta su amarga realidad. La simple mención de la falta de lo básico como alimento o techo, ya es motivo de tristeza y lleva implícita la denuncia social de una situación insostenible. Si a la vez lo equilibra con los casos de corrupción política, el número de cargos públicos acusados de malversación de fondos públicos, la avaricia de bancos y banqueros, el tráfico de influencia, los enchufismos o los enriquecimientos opulentos y sospechosos con visos de impunidad patente, ya tiene suficiente el telespectador para que le hierba la sangre y su indignidad roce la rayita roja de "a punto de reventar".


Ya es suficiente, no es necesario más. En serio que no se necesita que la entrevista a la pareja dure por espacio de más de media hora. Se comprende que les rellena espacio, pero la idea se capta desde el primer momento y el fin está cumplido. No hace falta que extiendan con anécdotas ilustrativas, que los acorralen hasta que lloren, que les reiteren que no tienen mañana, que les recuerden que no pueden darles a sus hijos ni de comer, que les pongan lo más negro de su vida delante de sus caras y de las de toda España. Déjenles un poco de dignidad, señores, déjenle un poco de esperanza. ¡Déjennos un poco de esperanza!

Los que buscan o buscamos trabajo sin encontrarlo, tenemos muy presente que nuestra situación puede llegar a ser como la de ellos. No es preciso que nos sigan metiendo el miedo en el cuerpo. Estamos tan acobardados que ni siquiera nos atrevemos a aspirar a los puestos de trabajo para los que estamos capacitados.
Los que tienen trabajo ni se plantean una queja o una reclamación cuando es obvio que los están explotando por miedo a perder lo que tienen.
No compramos, apuramos al máximo la ropa y los zapatos, no nos permitimos un capricho, comemos marca blanca, fumamos lo más barato, repostamos los lunes, olvidamos el sabor de la carne y el pescado fresco,tenemos en el vocabulario escrito a fuego "no se puede"
Están creando una sociedad amedrentada y débil, ideal para el gobernante sea del color que sea. Vivimos una constante inseguridad que nos descuartiza como seres humanos.



El fin de semana pasado escuché en la radio un programa sobre emprendedores. Gente normal que se arriesga y pone un negocio agudizando el ingenio. No me lo podía creer ¿En serio que todavía se puede?
Fue como una inyección de esperanza el ver que hay gente que no se está quedando en sus casas amenazados por la ruina, esperando la epidemia de miseria que parece que se extiende rodeando a cada español. ¡Hay gente que lo sigue intentando!

¿No puede ese mensaje insertarse en medio de los casos desesperados de pobreza y desempleo, desahucio y desesperanza? ¿No merecemos saber que siempre es posible comenzar de nuevo, que mientras hay vida hay una posibilidad de cambiar nuestro mañana? ¿Atiende ésta proliferación de entrevistas de casos desesperados a una exposición de denuncia social o a un intento de ahogar la poca esperanza que nos queda?


No se me malinterprete. Es cierto que la denuncia social es necesaria, que no se deben ocultar las situaciones a las que hemos llegado por la avaricia de algunos y la mala gestión de otros. Pero recrearse en la peor parte de nuestra realidad roza la mala intención. Parece un intento de amedrentarnos, de hacernos creer que será nuestro futuro inevitable, que más temprano que tarde llegaremos a ése momento terrible si hacemos un gesto distinto de los que venimos realizando. ¡Quietos! ¡No os mováis! ¡Podéis ser los siguientes!
Sinceramente me parece que ya está bueno lo bueno.

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