La Reciprocidad o el equilibrio del universo.

La  reciprocidad es el pago justo que se da o que se espera ante un acto, un sentimiento o la falta de ambos. Es algo tan natural, que la mayoría de la gente piensa que constituye el verdadero equilibrio del universo, la verdad absoluta del bien y el mal que se complementan.

Por recíproco se entiende lo merecido, lo esperado, lo que es de ley. No hay nada más desesperante a no obtener la respuesta “debida” al gesto ofrecido o lanzado a la cara. La expresión “como perro al que le paran coche” adquiere su máxima expresión en esos casos.



La reciprocidad como respuesta humana es la contestación prevista en un diálogo constante y,  teniendo en cuenta que el ser humano es el único que presume de tener comunicación verbal y gestual clara, es algo así como lo más lógico de todas las cosas lógicas.

El problema aparece cuando simplemente no se da. Cuando uno ama y no es correspondido, cuando uno odia y no es correspondido, cuando uno provoca y no es correspondido, cuando uno da y no es correspondido, cuando uno se esfuerza y no es correspondido.




Qué mal sienta cuando no aparece la reciprocidad esperada. Cuánta frustración puede provocar la ausencia de reacción, la desaparición total de respuesta en una comunicación clara y directa. Es como el dejar de ser, como el no existir, como el absoluto nihilismo en súmmum desprecio.

Cuando alguien quiere con toda el alma y no es querido, el ser humano piensa que no lo merece por ser como es, o por no ser como debiera ser. ¿Puede haber mayor tragedia para una persona, que llegar a dejar de quererse a sí mismo porque otro no lo quiere?

Cuando alguien odia o desprecia espera, al menos, que el otro se dé cuenta de su animadversión. Es tremendamente injusto que alguien soporte la injusticia sin responderla, que ignore tan descaradamente la provocación voluntaria de dolor sin volverse a responder la dentellada. Somos humanos ¿no?



Cuando alguien da, comparte sus bienes, atiende al menos favorecido, espera al menos el agradecimiento, la sonrisa tímida de reconocimiento del ser inferior a nuestra magnanimidad. ¡Qué desagradecida la persona que no corresponde al gesto con humillación! Es tan cierto el refrán de que no es biennacida, no se merece que se vuelva a repetir jamás un detalle con ella.

Cuando uno estudia y no aprueba, cuando busca trabajo y no lo encuentra, cuando trabaja y no le pagan lo justo, cuando limpia y nadie se da cuenta, cuando cocina y nadie halaga sus guisos, cuando se arregla y nadie le dice que está guapa, cuando pone todo de su parte y no obtiene el resultado esperado … ¿Puede haber algo más injusto que la falta de reciprocidad?


Ah, pero queda la esperanza del equilibrio universal, de que todo se paga en esta vida, de que Dios no se queda con nada de nadie, de que el mundo es redondo y todo vuelve a uno, lo bueno y lo malo.
Alguno lo llamará el consuelo de los tontos, la espera absurda del que se sienta en el zaguán a ver pasar el ataúd del enemigo, la creencia prehistórica de la justicia divina. Pero al dueño del arado eso le da igual, el siembra lluvia y recogerá tempestades, aunque la tierra o los cielos parezcan no producir el mínimo fruto, aunque el vacío más absoluto sea la respuesta recíproca al vacío de su alma.
                                                                             
                                                                                                                Chabela Jiménez, Julio 2013


Comentarios

  1. Hablando de reciprocidad:
    Aquí te dejo un regalito, Chabela. Te acabo de dar un premio LIEBSTER AWARDS a tu blog para animarte a seguir escribiendo y no dejarlo, te lea quien te lea, pues nunca sabes quién está al otro lado de la red. Yo misma sin ir más lejos.
    http://gotasdeduchacida.blogspot.com/2013/09/dos-premios-dos-liebster-aword-gotas-de.html

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