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A mis Treinta y Quince.

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Haciendo balance de mis treinta y quince, veo que tanto lo ganado como lo perdido ha sido necesario para ser quien soy. 
Es esta una etapa de mi vida en la que ya no temo decir lo que pienso ni me importan las reacciones que en los demás provoquen mis creencias, ya sean religiosas, políticas o morales.
Me siento libre de ir o no ir a los lugares esperados y lo único que me impide no estar donde se me espera, es la falta de tiempo, de dinero o de ganas.


He limado asperezas con el mundo. No guardo rencor, aunque tengo muy claro por dónde, por quién, o por qué no voy a volver a pasar.
He perdonado, más por mala memoria que por intención o capacidad, más por el amor que Dios me tiene que por el que yo le pueda tener al prójimo.
Tengo a mi lado a toda mi familia, siento que me quieren y que son mi raíz y la parte más alta de mis ramas. Tengo ausencias irreemplazables que me cuidan desde lo alto y me recuerdan que soy mortal y sólo tengo un tiempo para decirte que te quiero.





Tengo amigos, muchos …

De apestados y despechados

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La crisis del ébola en la que España es tristemente el primer caso europeo de contagio, así como las reacciones personales y las opiniones particulares de propios y ajenos al tema, me llevan a pensar en los difícil que es mantener la ética, la moral o, si ustedes quieren, la misericordia cristiana o el propio sentido de amor o caridad hacia el prójimo, cuando nos domina el miedo.



Conocer que los mismos compañeros de la afectada por el virus se han negado a atenderla por miedo al contagio,p que sus vecinos se afanen en limpiar todos los lugares que haya podido utilizar o tocar esta mujer, no me ha sorprendido.
 Incluso comprendo su forma de actuar, porque el miedo enturbia el entendimiento y anestesia los sentimientos, provoca reacciones que en otras circunstancias nos parecerían absurdas y saca de nuestro interior el egoísmo propio del instinto de la supervivencia.  Y en éste tema hay miedo, mucho miedo, inseguridad y falta de confianza en los que dirigen el cotarro. Ojo, que no estoy d…

Pérdidas y despedidas.

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Quizás no estemos preparados para decir adiós. Desde pequeños nos evitan el sufrimiento, nos ocultan el dolor, nos esconden la muerte.
Es muy posible que si hubiéramos sido educados para verla con la misma naturalidad con la que nos enseñaron a recibir un nacimiento, a la hora de afrontar una muerte, estaríamos más preparados para superarla con más fuerza.


No iba a dejar de doler, pero estaríamos predispuestos a aceptarla como parte de la vida, como aceptamos que anochece y amanece, como sabemos que después del calor llega el frío. Pero no está en nuestra naturaleza común el concepto de un adiós para siempre.
Queremos creer que todo dura eternamente. Nuestro miedo a la pérdida nos hace a veces vivir supeditados a personas y cosas en las que tenemos puesta la vida.
 Si supíeramos que la vida como tal es mucho más que encajar en un engranaje o formar parte de una concreta realidad, tal vez pudíeramos despojarnos de miedos como el de la soledad, la dependencia o la misma muerte.


Cada día mori…

Decepciones y Decisiones.

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La decepción forma parte de la vida como la ilusión, la esperanza, la confianza o la inspiración.
Somos muy dados a poner todas nuestras espectativas sobre un proyecto, cosa o persona si pararnos a pensar qué pasará si aquello o aquella nos fallan y terminamos totalmente hundidos, cuando la realidad de la imperfección nos estalla en toda la cara.
Tendemos a esperar de las cosas que cumplan nuestros deseos de triunfo o permanencia, como si fuéramos a vivir para siempre en su reflejo.


Tendemos a esperar de las personas que cumplan el ideal que que hemos soñado o, al menos, que nos respondan del mismo modo en el que nosotros hemos respondido por ellas.
Somos en definitiva soñadores y jueces implacables.
¿Qué nos puede hundir más que una decepción o un desengaño? La historia está llena de casos reales, de gente que jamás superó una humillación o una ofensa. Pensar que el universo no está girando a nuesto ritmo es impensable. Que la realidad no se va a adaptar a nuestros exfuerzos es un d…

Canelita, entrega XI "Cerrar los ojos"

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