Decepciones y Decisiones.


La decepción forma parte de la vida como la ilusión, la esperanza, la confianza o la inspiración.
Somos muy dados a poner todas nuestras espectativas sobre un proyecto, cosa o persona si pararnos a pensar qué pasará si aquello o aquella nos fallan y terminamos totalmente hundidos, cuando la realidad de la imperfección nos estalla en toda la cara.
Tendemos a esperar de las cosas que cumplan nuestros deseos de triunfo o permanencia, como si fuéramos a vivir para siempre en su reflejo.


Tendemos a esperar de las personas que cumplan el ideal que que hemos soñado o, al menos, que nos respondan del mismo modo en el que nosotros hemos respondido por ellas.
Somos en definitiva soñadores y jueces implacables.
¿Qué nos puede hundir más que una decepción o un desengaño? La historia está llena de casos reales, de gente que jamás superó una humillación o una ofensa. Pensar que el universo no está girando a nuesto ritmo es impensable. Que la realidad no se va a adaptar a nuestros exfuerzos es un desastre de proporciones desmesuradas. Que las personas no nos valoran en nuestro justo precio es un horror. Que no nos quieren como nosotros queremos, una tragedia de consecuencias desmesuradas.
Nos destruye que tanto y tanto como damos por una ilusión o un ser querido no sea correspondido como merece.
¿Pero qué nos creemos que somos?


Vivimos engañados pensando que todo es justo y equitativo, que el equilibrio del universo volverá a darnos en esta vida lo que pensamos que nos es arrebatado, que la justicia más pronto que tarde pondrá las cosas en su sitio. Y puede que de alguna manera las cosas sean así, pero que no quepa la menor duda de que nunca será de la forma y en el tiempo que estamos anhelando con todo nuestro corazón herido.

Tenemos prisa por llegar, por permanecer, por ser. Tenemos prisa por que nos quieran, nos adulen, nos admiren, nos reconozcan. Hasta el punto de que ya nos da igual de dónde venga el reconocimiento y de si es simple y falsa adulación interesada, o sincera muestra de afecto y distinción.
Hemos trabajado duro y queremos ya nuestro salario.En caso contrario nuestra decepción nos hará tomar las decisiones oportunas que, en la mayoría de los casos, nos llevarán a una mayor y más profunda decepción con nosotros mismos.


Somos únicamente imperfectos y quebradizos seres humanos. No se nos puede pedir la sabiduría de Dios, la misericordia de Dios, la humildad de Dios.
Somos lo que somos y continuaremos fallando a los demás y a nosotros mismos, pero no consentiremos que nos fallen. Somos únicos, soberbios, intocables, intachables, nadie puede osar hacernos una crítica y mucho menos un desprecio.
Cuánto tenemos todavía que aprender! Cuánto nos falta para hacernos pequeñitos como un niño, para entender las cosas con claridad.


Quizás el aprendizaje llega al final de nuestros días, cuando la sonrisa de un nieto baste para llevarnos hasta la plenitud como personas o la felicidad más absoluta. Cuando nos sintamos débiles y necesitados de ayuda para las tareas más básicas, cuando cada día sea un regalo porque tenemos claro que ahora sí que puede ser el último. Cuando miremos atrás y tengamos la certeza de que hemos perdido demasiado tiempo en reclamar todo lo que no nos vamos a llevar al dejar éste mundo. Cuando seamos verdaderamente libres.





                                                                                                                    Chabela Ximénez.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Qué significa el color que elijo para mi casa.

PERSIGUIENDO HORMIGAS: OTRO INVIERNO LLUVIOSO.

Las 50 sombras de Grey. Crónica de un éxito.