De apestados y despechados

La crisis del ébola en la que España es tristemente el primer caso europeo de contagio, así como las reacciones personales y las opiniones particulares de propios y ajenos al tema, me llevan a pensar en los difícil que es mantener la ética, la moral o, si ustedes quieren, la misericordia cristiana o el propio sentido de amor o caridad hacia el prójimo, cuando nos domina el miedo.



Conocer que los mismos compañeros de la afectada por el virus se han negado a atenderla por miedo al contagio,p que sus vecinos se afanen en limpiar todos los lugares que haya podido utilizar o tocar esta mujer, no me ha sorprendido.
 Incluso comprendo su forma de actuar, porque el miedo enturbia el entendimiento y anestesia los sentimientos, provoca reacciones que en otras circunstancias nos parecerían absurdas y saca de nuestro interior el egoísmo propio del instinto de la supervivencia.  Y en éste tema hay miedo, mucho miedo, inseguridad y falta de confianza en los que dirigen el cotarro. Ojo, que no estoy diciendo que nos comportemos como animales enjaulados, abandonados en la selva con un león al lado, pero lo estoy pensando.

En mi poco sana costumbre de ponerme en el lugar de la enfermera, que está ajena a todos los comentarios y culpas con que la están acribillando, o de su marido, que asiste a todo, en plena consciencia de estar al borde de perder a su mujer y que ya ha perdido a su mejor amigo, su perro, que en el caso de las parejas solas es como su propio hijo, y realmente no acierto a abarcar tanta desesperación.


Lo cierto es que lo más cerca que me he sentido de ése desprecio o del trato de apestados que están sufriendo fue hace veinte años, cuando se me ocurrió no dejarme plagiar las ideas e iniciativas por parte de un tiranillo jefezuelo de pueblo, que gozaba del apoyo de las masas y la admiración populista. Aquello me reportó el mayor de los destierros afectivos que he sufrido en mi vida, hasta el punto de llegar a abandonar la más satisfactoria de mis aficiones, la comunicación.

No suelo volver sobre aquello porque es pasado pisado y, desde el punto y hora en que mi corazón no busca cobrarlo, considero que perdoné. Pero lo cierto es que a partir de entonces el temor a ser el centro de una injusticia me ha perseguido hasta el día de hoy y, la solidaridad que me brota ante el caso de éste matrimonio fatalmente famoso, e inevitablemente solo, me remueve por dentro y me hace preguntarme de qué clase de material estamos hechos.



Es verdad que a partir de ésa experiencia de hace ya veinte años he formado parte de otras desagradables situaciones, que yo misma me he buscado por mi falta de indiferencia hacia la injusticia humana.

 Es cierto que por no callar o no acatar, por dar la cara o no tragar, por señalar el egocentrismo o resaltar la soberbia de alguna persona casi intocable, me he visto envuelta en circunstancias tensas, desagradables o casi irrisorias.

No paso por alto que hay veces en las que antes del saludo ha venido la duda y antes, la mirada panorámica del miedo a ver quien observa y pueda comentar, y antes, la sonrisa forzada y la incomodidad de tener que responder al saludo de quien nada le hizo, pero alguien antes señaló con el dedo.


Cosas como éstas entran dentro de la proyección de los miedos propios en las personas débiles y realmente me provocan un sonrisa de lástima y me animan a saludar con más énfasis a quienes quieren evitarme el saludo.
 Así soy yo, dando siempre tres por uno, como el Carrefour, en pleno proceso siempre de conversión y siempre pecando. Dios me perdone o me quite la ocasión.

Porque la situación de esta pobre pareja multiplica por mil ése sentimiento de repulsa hacia la injusticia, que aterra más por la soledad y la falta de sentimientos que provoca, que por la propia virulencia de la enfermedad mortal con la que se han encontrado, fortuitamente o gracias a la ineptitud de otros.
                                                    
                                                                  Chabela Jiménez.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Qué significa el color que elijo para mi casa.

PERSIGUIENDO HORMIGAS: OTRO INVIERNO LLUVIOSO.

Las 50 sombras de Grey. Crónica de un éxito.