Te saludo, mi invitado.

Bienvenido al lugar. Pasa sin llamar. No hay grandes descubrimientos, en lo sencillo está casi siempre la sabiduría, aunque no es éste el caso.


Siéntate donde puedas y mira pasar la vida desde una ventana del sur. Todo parece diferente cuando se lee a media voz, ante una copa de vino. Aunque puedes gritar si quieres, la libertad es un don preciado y un signo de salud.

Permítete brindar por ella: ¡ por tu salud!

lunes, 15 de agosto de 2016

YA NUNCA MÁS

Cuando sea mayor no voy a venir a verte. Te quedarás aquí, esperando por mí, sin que ese
timbre suene ni una sola vez en toda la semana, en todos los meses, en todos los años.


Cuando sea mayor se te va a tener que olvidar que existo, porque ni el eco que mi voz lo va a

recordar tus oídos, ni te acordarás del color de mis ojos a fuerza de no verlos y dudarás de mi
olor y del sonido de mis palabras, por el tiempo transcurrido.


Cuando sea mayor no esperes que me quede aquí contigo, volaré como el gorrión que se posa en los rosales de la vecina y huye en cuanto escucha el primer grito.


                            


 Saldré de tu vida como la luz del día, silenciosa y despacito, dando paso a la noche más oscura, tenebrosa, agria y despiadada, que arrastra largas horas de incertidumbre y espera, precediendo al terror con que velas mis sueños.

Me marcharé una mañana, cuando él se haya ido, cuando el silencio nos cubra y ya no
escuche tu llanto. No perderé un minuto en salir de aquí, no llevaré mi ropa ni mis libros, ni
siquiera la medalla de la comunión que me haces esconder entre mis juguetes, para que él no la
encuentre y se la beba.







 No quiero nada de aquí, no quiero nada de él, no querré nada de ti cuando me vaya. Te prometo que me olvidaré de todo y no volveré a mirar atrás, que no recordaré nuestras canciones ni la forma en que me acaricias el pelo cuando me peinas, que sepas que borraré de mi mente todos lo cuentos de final feliz que me contaste. No volveré a probar las magdalenas ni el chocolate nunca, mientras su sabor lleve a nuestras tardes de risas de azúcar y manchones de harina en la nariz. 



Me mantendré alejada de los hilos y las lanas de colores con las que me enseñaste a tejer
bufandas kilométricas. No tejeré colchas, como no tejeré recuerdos, ni dejaré que ellos tejan
ilusiones de una vida feliz en mi futuro. Me desharé del olor de tu pelo mojado bajo el sol de los
cristales del salón, no pondré más mi mano sobre tus ojos llorosos, ni te regalaré mil besos por
cada uno de sus golpes. 




Me alejaré de todo lo que me lleve hasta ti en la memoria, pisotearé los recuerdos más tiernos, los minutos a solas, los sueños más grandes y todas las ilusiones rotas.

No serás ni un pensamiento en mi vida cuando me vaya de aquí, si no te levantas. No volveré a
querer saber de ti, si sigues en ese rincón.


 No te traeré las pastillas ni te ayudaré a maquillarte para que los demás no sepan. Te aseguro que si no empiezas a moverte, no buscaré entre tus blusas la que te tape más, ni te daré mi mano para ayudarte a bajar las escaleras. 





Te hablo muy en serio, saldré por esa puerta y no volveré, cuando sea mayor. No estoy hablando en broma,me haré mayor y me olvidaré de ti y de todos los planes que tenemos. 



No iremos a la playa ni montaremos en la noria más alta, no compraremos vestidos ni iremos a bailar a ninguna fiesta, no viviremos las dos juntas en una casa sin rejas.

 Te lo aseguro, estoy muy enfadada, no volveré a hablarte si no te levantas, no te querré nunca más si no empiezas de nuevo a respirar.


Chabela Jiménez.